La tarde se había consumido rápidamente cuando llegamos a nuestro destino, sin embargo, nos regaló unos últimos minutos en los que una gama de colores dorados iba apagándose.
En ese momento de tranquilidad, el sonido y el movimiento entre los arbustos distrajo nuestra atención. Nos habíamos habituado al constante murmullo de la naturaleza, pero esta vez nos distrajo la brusquedad de los movimientos, como si se tratara de un animal grande y torpe. Me atreví a tomar una piedra mediana del suelo, con suficiente peso para poder sostenerla con la mano y analicé mi alrededor. Mis ojos se posaron en un arbusto del camino del que veníamos, cogí impulso con el brazo y...
-¡Espera, espera!- exclamó una voz surgiendo del mismo arbusto justo a tiempo antes de que lanzara la piedra a modo de advertencia- ¡Soy yo! ¡Soy Fer!
- Fer, ¿qué haces escondido ahí? ¿Nos has seguido?- Kenya se mostraba algo molesta de encontrarse al muchacho, a pesar de conocerle.
-No exactamente, sólo quería saber que estabais bien. No entendía muy bien por qué, al contrario del resto que se quedó resguardado en el instituto, vosotras salíais de él- comentó Fer, aparentemente con bastante sinceridad.
Kenya aceptó a regañadientes que se quedara con nosotras. Yo lo agradecí. Lo cierto es que por momentos, la situación se tornaba turbia, y el simple hecho de estar lejos de la urbe me hacía sentir insegura.
Al caer por fin la noche, Fer se ofreció a hacer una discreta hoguera, no por frío sino por tener un pequeño foco de luz, pues a pesar de que la temperatura había caído casi en picado, el suelo seguía desprendiendo ondas de calor. Esta combinación era perfecta para caer rendido al sueño, pero lo cierto es que no tenía por costumbre dormir a la intemperie, ni junto a desconocidos, ni tras una serie de acontecimientos disparatados... El peso de los pensamientos en mi cabeza terminó por apagar mi energía, y un par de horas más tarde el cansancio terminó por apoderarse de mí. Y de mis dos compañeros.
-Sam, despierta...- una voz lejana y con eco resonaba en mi cabeza- Sam, ¡Sam! ¡Por favor, despierta!
La sensación de querer despertar pero de que el cuerpo aún estaba reaccionando a mis impulsos me agobió. Empecé a notar una vibración en el cuerpo, que alguien me estaba agitando. Por fin, abrí los ojos repentinamente, vi a Kenya en un primer plano, y mucha luz de fondo. El saber de dónde provenía tanta iluminación siendo aún de noche, me hizo reaccionar, lo cual me hizo levantarme literalmente de un salto. Sobre las faldas del monte Kutkut, por donde antes huía el rebaño de ovejas, ahora se deslizaba un espeso manto anaranjado de lava.
Estadísticas
viernes, 13 de julio de 2018
lunes, 25 de junio de 2018
- Vulcania - Capítulo V - "La abuela"
A pesar de que el clima de aquella isla solía ser cálida, ese día parecía que hasta el suelo podía arder. Por ello, avanzar entre la sombra de las copas de los árboles era de agradecer, pues además, el sendero tendía a inclinarse cada vez más.
Mi compañera había comenzado su charla con una especie de introducción, en la cual mencionaba a su abuela, quien tenía un don místico, toda una sorpresa.
-Entonces tu abuela también era un poco bruja...- comenté con naturalidad para seguir impulsando la conversación.
-No la llegué a conocer mucho, así que no sé exactamente en qué consistían sus trances. Mi madre fue la que, tras ver que yo había heredado parte de su don, me contó algunas de sus habilidades. Se adelantó a varios hechos, detectaba la energía de las personas con tan sólo mirarlas, y hay quien comentaba que salvó a gran parte del pueblo de un incendio que tan sólo quedó en daños materiales...
-¿Qué tiene que ver ella en todo esto?- pregunté con impaciencia.
-No sé si casualidad o no, pero la acompañé en su lecho de muerte, a escondidas de mi madre, pues no quería que me enterara que estaba a punto de dejarnos. Tampoco sé si sería fruto de su confusión antes de dejar este mundo, o si se trataría de su última visión, pero el caso es que mi abuela me recitó una especie de profecía- Kenya se regaló una pausa en la que se le empañaron los ojos, lo cual me provocó un inmediato gesto de apoyo.
-Tranquila, tómate tu tiempo- la calmé, tomando con delicadeza su mano.
-Jamás olvidaré esa frase, aún resuena en mi cabeza con su voz ya marchita y quebrada- otra pausa para suspirar, en la que elevó la cabeza, en busca de un trocito de cielo entre los árboles-. "Cuando el cielo oscurezca, y el suelo enfurezca, espacio y tiempo, sendas alas negras blandirán...".
-¿Y qué significa eso?- pregunté cada vez más ansiosa, rascándome el cabello como si me ayudara a sacar ideas de mi cabeza.
-A día de hoy, sigo sin resolverlo- Kenya ya respondía casi de manera automática, como si toda esta conversación ya la hubiera tenido antes-. Estamos llegando.
Mi compañera había comenzado su charla con una especie de introducción, en la cual mencionaba a su abuela, quien tenía un don místico, toda una sorpresa.
-Entonces tu abuela también era un poco bruja...- comenté con naturalidad para seguir impulsando la conversación.
-No la llegué a conocer mucho, así que no sé exactamente en qué consistían sus trances. Mi madre fue la que, tras ver que yo había heredado parte de su don, me contó algunas de sus habilidades. Se adelantó a varios hechos, detectaba la energía de las personas con tan sólo mirarlas, y hay quien comentaba que salvó a gran parte del pueblo de un incendio que tan sólo quedó en daños materiales...
-¿Qué tiene que ver ella en todo esto?- pregunté con impaciencia.
-No sé si casualidad o no, pero la acompañé en su lecho de muerte, a escondidas de mi madre, pues no quería que me enterara que estaba a punto de dejarnos. Tampoco sé si sería fruto de su confusión antes de dejar este mundo, o si se trataría de su última visión, pero el caso es que mi abuela me recitó una especie de profecía- Kenya se regaló una pausa en la que se le empañaron los ojos, lo cual me provocó un inmediato gesto de apoyo.
-Tranquila, tómate tu tiempo- la calmé, tomando con delicadeza su mano.
-Jamás olvidaré esa frase, aún resuena en mi cabeza con su voz ya marchita y quebrada- otra pausa para suspirar, en la que elevó la cabeza, en busca de un trocito de cielo entre los árboles-. "Cuando el cielo oscurezca, y el suelo enfurezca, espacio y tiempo, sendas alas negras blandirán...".
-¿Y qué significa eso?- pregunté cada vez más ansiosa, rascándome el cabello como si me ayudara a sacar ideas de mi cabeza.
-A día de hoy, sigo sin resolverlo- Kenya ya respondía casi de manera automática, como si toda esta conversación ya la hubiera tenido antes-. Estamos llegando.
viernes, 22 de junio de 2018
- Vulcania - Capítulo IV - "Doctor Wilde" -
"El universo es toda una red de engranajes conectados. Esas conexiones son cruciales para la estabilidad y armonía del universo. Es como un jersey bordado a mano por tu abuela, cada conexión entre hilos ha seguido unas pautas establecidas por su tejedora. En cuanto un hilo se sale de su sitio, por algún infortunio o factor externo, como engancharse a algún objeto afilado, los demás hilos tirarán de él, tendiendo a volver a su sitio. Pero muchas veces, el tejido ya queda dañado. Y esos tejidos dañados, llevados al universo, se tratarían de estrellas muertas que, fruto de su explosión, desestabilizan el campo espacio-temporal del área que alcanza, formando agujeros negros, los cuales funcionan a modo de imán, pero sin polos negativos ni positivos, no hay discriminación, todo se lo traga".
-Papá, entonces... la abuelita Dorothy debe saber mucho de agujeros negros...
-Ja, ja. La abuelita sabe mucho de cómo crear tejidos que te hagan pasar inviernos menos fríos.
-Pero... Papá, ¿nuestro mundo podría estar conectado a otros mundos? ¿Podríamos visitar otro mundo conectado a través de una puerta astal?
-Ja, ja, ja- el doctor Wilde estalló en carcajadas por la imaginación de su pequeña-. Astral cariño- le corrigió dándole un toquecito afectuoso en la nariz-. Y... todo lo que imagines puede ser posible, pequeña. Simplemente aún no tenemos pruebas de ello.
-¡Yo encontraré la prueba definitiva!- sentenció la niña.
-No dudo en que lo harás, Sammy.
El sonido de las aves a su alrededor hizo que la realidad volviera a llamar a la puerta de sus pensamientos. A pesar de que su relación actual con su padre no era tan cercana como cuando tenía 7 años, lo cierto es que debía reconocer que los recuerdos de su infancia no podían ser más felices...
-Papá, entonces... la abuelita Dorothy debe saber mucho de agujeros negros...
-Ja, ja. La abuelita sabe mucho de cómo crear tejidos que te hagan pasar inviernos menos fríos.
-Pero... Papá, ¿nuestro mundo podría estar conectado a otros mundos? ¿Podríamos visitar otro mundo conectado a través de una puerta astal?
-Ja, ja, ja- el doctor Wilde estalló en carcajadas por la imaginación de su pequeña-. Astral cariño- le corrigió dándole un toquecito afectuoso en la nariz-. Y... todo lo que imagines puede ser posible, pequeña. Simplemente aún no tenemos pruebas de ello.
-¡Yo encontraré la prueba definitiva!- sentenció la niña.
-No dudo en que lo harás, Sammy.
El sonido de las aves a su alrededor hizo que la realidad volviera a llamar a la puerta de sus pensamientos. A pesar de que su relación actual con su padre no era tan cercana como cuando tenía 7 años, lo cierto es que debía reconocer que los recuerdos de su infancia no podían ser más felices...
- Vulcania - Capítulo III - "Fenómenos naturales"
El cielo despejado acompañado de un sol en su punto más alto, hicieron la salida del instituto aún más cegador. Esa fue la primera impresión a la vista, y casi al mismo tiempo, un fuerte sonido continuo y grave, que parecía ir al ritmo de los temblores, azotaba sus tímpanos como si de un glissando musical se tratara.
-¡Eh!, ¿adónde vais?- nos gritó una voz familiar. Kenya y yo nos dimos la vuelta, y vimos a Fer, nuestro compañero de clase, que posiblemente no asistió a la última hora- No estáis seguras aquí fuera...
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
miércoles, 30 de mayo de 2018
- Vulcania - Capítulo II - "La visión".
Por más que zarandeaba a Kenya, no reaccionaba. Recordé, entonces, la botella de agua que solía traer al instituto y que descansaba sobre mi pupitre. Aunque parecía una tontería, decidí que no perdía nada por intentarlo. Desenrosqué el tapón de la botella, y corrí hacia Kenya, para empaparle la cara. En ese momento ya notaba cómo varios rostros se giraban hacia nosotras con una mezcla de risas confusas y desconcierto general.
Por fin, Kenya volvió en sí, parecía que mi solución hizo parte de efecto.
- ¡Señorita Wilde! ¿Qué ocurre con la señorita Molina?- vociferó la profesora Hubble- ¡Vuelvan todos a sus asientos!
En ese momento, entre la confusión, una vibración comenzó a recorrernos desde los pies hasta el último cabello de nuestros cuerpos. Todos nos mirábamos interrogantes, pero la profesora Hubble fue la primera en reaccionar: abrió la puerta que daba al pasillo en busca del apoyo de otros profesores. Mientras tanto, invadida por la curiosidad, abrí por completo la persiana de una de las ventanas. Pude ver que un rebaño de ovejas corría despavorida por la falda del monte Kutkut, en la misma dirección que una bandada de mirlas ventriblancas con gran alboroto, aparentemente hacia el mar del sur.
La vibración cada vez era más intensa, hasta que fue evidente que se trataban de temblores característicos de un seísmo. El miedo comenzó a palparse cuando los libros de las estanterías empezaron a bailar, y las tizas de la pizarra hacían carreras hacia diferentes direcciones. En ese momento, Kenya, que aún no se había movido de su pupitre, cogió mi brazo fuertemente cuando me disponía a salir de aquella aula:
- Sam, acabo de ver esto...
- ¿Qué? No entiendo, Kenya, ¿qué quieres decir?- para mí no era momento para distraerme con las paranoias de la chica del trance, pero debía admitir que me alegraba que por fin dejara de balbucear.
- Acabo de tener una visión, apenas recuerdo nada, y de manera difusa, pero al notar el temblor, me han venido escenas a la mente... No podemos quedarnos aquí, el edificio se va a derrumbar- Kenya hablaba de manera acelerada, como si se tratara de un deber que debía cumplir a contrarreloj.
- Está bien, buscaré a la profesora Hubble, y se lo diré- le comenté, intentando ser coherente.
- No, Samantha, no hay tiempo. No es tan sólo un temblor cualquiera... Debemos salir ya- Kenya volvió a agarrarme el brazo fuertemente y me arrastraba con decisión fuera del aula.
Por fin, Kenya volvió en sí, parecía que mi solución hizo parte de efecto.
- ¡Señorita Wilde! ¿Qué ocurre con la señorita Molina?- vociferó la profesora Hubble- ¡Vuelvan todos a sus asientos!
En ese momento, entre la confusión, una vibración comenzó a recorrernos desde los pies hasta el último cabello de nuestros cuerpos. Todos nos mirábamos interrogantes, pero la profesora Hubble fue la primera en reaccionar: abrió la puerta que daba al pasillo en busca del apoyo de otros profesores. Mientras tanto, invadida por la curiosidad, abrí por completo la persiana de una de las ventanas. Pude ver que un rebaño de ovejas corría despavorida por la falda del monte Kutkut, en la misma dirección que una bandada de mirlas ventriblancas con gran alboroto, aparentemente hacia el mar del sur.
La vibración cada vez era más intensa, hasta que fue evidente que se trataban de temblores característicos de un seísmo. El miedo comenzó a palparse cuando los libros de las estanterías empezaron a bailar, y las tizas de la pizarra hacían carreras hacia diferentes direcciones. En ese momento, Kenya, que aún no se había movido de su pupitre, cogió mi brazo fuertemente cuando me disponía a salir de aquella aula:
- Sam, acabo de ver esto...
- ¿Qué? No entiendo, Kenya, ¿qué quieres decir?- para mí no era momento para distraerme con las paranoias de la chica del trance, pero debía admitir que me alegraba que por fin dejara de balbucear.
- Acabo de tener una visión, apenas recuerdo nada, y de manera difusa, pero al notar el temblor, me han venido escenas a la mente... No podemos quedarnos aquí, el edificio se va a derrumbar- Kenya hablaba de manera acelerada, como si se tratara de un deber que debía cumplir a contrarreloj.
- Está bien, buscaré a la profesora Hubble, y se lo diré- le comenté, intentando ser coherente.
- No, Samantha, no hay tiempo. No es tan sólo un temblor cualquiera... Debemos salir ya- Kenya volvió a agarrarme el brazo fuertemente y me arrastraba con decisión fuera del aula.
martes, 29 de mayo de 2018
- Vulcania - Capitulo I - "El trance".
La profesora Hubble había decidido reproducir una película subtitulada en inglés con el fin de mejorar y familiarizarnos con el idioma. Después de varios meses, se había dado cuenta de que, de vez en cuando, nos podía dar algún tipo de respiro.
¿Para qué mentir? Incluso de esta manera resultaba dificultoso prestar mi entera atención hacia sus lecciones. En el fondo, quería pensar que ella lo entendería dado que soy nativa de Estados Unidos, por lo que sus clases eran algo así como volver a lo que llamamos "Kindergarten" para aprender a restar y sumar... Por otro lado, yo entendía que mi presencia podría suponer un trabajo extra al tener que pensar en actividades que supusieran un reto para mí, pues la señora debía estar contando en los escasos meses que le quedaban para jubilarse. Por tanto, creo que debimos llegar a un acuerdo mutua sin necesidad de palabras para que me dedicara a otras actividades durante sus horas de enseñanza.
Y no, no incomodaba a nadie, por si pensabais que soy la típica alumna que distrae a otros compañeros. De hecho, después de dos meses en aquella isla colombiana, seguía con mi rutina solitaria: iba al instituto sola, realizaba actividades sola, merendaba y pasaba el "break" sola... Según mi padre, porque tengo un carácter serio. Y aunque no se lo admita directamente, en parte, es cierto. Y desde que él decidió dar prioridad a su carrera laboral, quizá más. Tampoco sentía la necesidad de encontrar aliados para hacer mi estancia más agradable en mi nueva vida colombiana, era capaz de divertirme y entretenerme por mí sola.
Mis pensamientos me volvieron a situar en el ambiente escolar tras este repaso mental de mi vida, y aunque la elección de la señora Hubble en cuanto al filme fue de lo más acertada, la aparente inquietud de una compañera, volvió a desviar mi atención. Kenya, que era como se llamaba, movía de manera acelerada los ojos, y dada la claridad de su color, podía percibir la continua dilatación de sus pupilas. Aproveché la oscuridad de la sala para aproximarme al pupitre de Kenya a gatas.
- Kenya, ¿estás bien? ¿me puedes contestar?- susurré, haciendo gestos con la mano delante de lo que suponía que miraba. Mi preocupación se incrementó cuando su rostro pasó de ser inexpresivo a ser de alarma.
- Pe-pe.. Pe-li-gro...- consiguió verbalizar Kenya tras paralizar su mirada, y abriendo mucho los párpados.
Ahora mi compañera parecía pasar por un profundo trance del que no podía escapar.
Dark Island
¿Para qué mentir? Incluso de esta manera resultaba dificultoso prestar mi entera atención hacia sus lecciones. En el fondo, quería pensar que ella lo entendería dado que soy nativa de Estados Unidos, por lo que sus clases eran algo así como volver a lo que llamamos "Kindergarten" para aprender a restar y sumar... Por otro lado, yo entendía que mi presencia podría suponer un trabajo extra al tener que pensar en actividades que supusieran un reto para mí, pues la señora debía estar contando en los escasos meses que le quedaban para jubilarse. Por tanto, creo que debimos llegar a un acuerdo mutua sin necesidad de palabras para que me dedicara a otras actividades durante sus horas de enseñanza.
Y no, no incomodaba a nadie, por si pensabais que soy la típica alumna que distrae a otros compañeros. De hecho, después de dos meses en aquella isla colombiana, seguía con mi rutina solitaria: iba al instituto sola, realizaba actividades sola, merendaba y pasaba el "break" sola... Según mi padre, porque tengo un carácter serio. Y aunque no se lo admita directamente, en parte, es cierto. Y desde que él decidió dar prioridad a su carrera laboral, quizá más. Tampoco sentía la necesidad de encontrar aliados para hacer mi estancia más agradable en mi nueva vida colombiana, era capaz de divertirme y entretenerme por mí sola.
Mis pensamientos me volvieron a situar en el ambiente escolar tras este repaso mental de mi vida, y aunque la elección de la señora Hubble en cuanto al filme fue de lo más acertada, la aparente inquietud de una compañera, volvió a desviar mi atención. Kenya, que era como se llamaba, movía de manera acelerada los ojos, y dada la claridad de su color, podía percibir la continua dilatación de sus pupilas. Aproveché la oscuridad de la sala para aproximarme al pupitre de Kenya a gatas.
- Kenya, ¿estás bien? ¿me puedes contestar?- susurré, haciendo gestos con la mano delante de lo que suponía que miraba. Mi preocupación se incrementó cuando su rostro pasó de ser inexpresivo a ser de alarma.
- Pe-pe.. Pe-li-gro...- consiguió verbalizar Kenya tras paralizar su mirada, y abriendo mucho los párpados.
Ahora mi compañera parecía pasar por un profundo trance del que no podía escapar.
viernes, 25 de septiembre de 2015
When Winter falls in love.
-Querido, para dar cierto calor y color a la vida terrestre ya estoy yo, no hace falta que te encargues tú de ello- comentó la risueña Primavera nada más entrar.
Una mirada acompañada de una suave brisa que removía su pelo grisáceo y su barba rizada hizo prever a Primavera que soltaría alguna de sus tristes quejas. Pero Invierno, simplemente, calló.
-Siempre tan frío... Tan cortante con un simple gesto. Pero siempre te hemos aceptado tal y como eres, no tienes por qué cambiar...
-Vera, creo que me he enamorado- anunció Invierno, y sus caídos ojos se abrieron con un golpe de viento que ondeó sus espesas pestañas-. Nunca he sentido este ardor interior, y es realmente acogedor. Sólo he saboreado lágrimas de dolor, y... he descubierto que también existen lágrimas con sabor dulce. Alegría. Paz. Siento que estoy en paz con el mundo...
Y por primera vez, la sonrisa de Vera cayó de la misma manera en que las flores de un almendro caen del árbol que les dió la vida.
Una mirada acompañada de una suave brisa que removía su pelo grisáceo y su barba rizada hizo prever a Primavera que soltaría alguna de sus tristes quejas. Pero Invierno, simplemente, calló.
-Siempre tan frío... Tan cortante con un simple gesto. Pero siempre te hemos aceptado tal y como eres, no tienes por qué cambiar...
-Vera, creo que me he enamorado- anunció Invierno, y sus caídos ojos se abrieron con un golpe de viento que ondeó sus espesas pestañas-. Nunca he sentido este ardor interior, y es realmente acogedor. Sólo he saboreado lágrimas de dolor, y... he descubierto que también existen lágrimas con sabor dulce. Alegría. Paz. Siento que estoy en paz con el mundo...
Y por primera vez, la sonrisa de Vera cayó de la misma manera en que las flores de un almendro caen del árbol que les dió la vida.
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