Cuando la criatura voladora pudo recuperarse, le pedí ayuda a mi padre en busca de una manera de que mi amigo pudiera volver a su mundo. Obviamente, mi padre quedó alucinado, sin embargo, se puso manos a la obra enseguida. Concluyó que aún podía haber altas posibilidades de que la puerta astral que había sido abierta aún se mantuviera intacta. Tras varias horas de búsqueda, pues lógicamente el pobre Phoenix no se orientaba bien en nuestro mundo, volvimos a encontrar el punto exacto de la puerta astral.
-Has sido un verdadero amigo, Phoenix- dije entre sollozos al despedirnos-. Espero que seas muy feliz en tu mundo.
-Si coges otra puerta astral, ¡no dudes en visitarnos de nuevo, pequeño!- exclamó Fer, quien intentaba aparentar no estar triste.
-Esto es genial, ¡por fin una prueba de que las puertas astrales, los agujeros de gusano, y de que todas mis investigaciones iban bien encaminadas!- exclamó mi padre, a quien dirigí una mirada de enfado para que guardara la compostura- Ah sí, claro. Pequeño, ten cuidado al otro lado. Ha sido todo un placer conocerte.
Finalmente, Phoenix me dedicó una última mirada con un rayo de luz que me envolvió y me susurró:
-Has sido la mejor persona que he conocido en dos mundos. Jamás dejes que nadie empequeñezca tu inmenso corazón y tu más puro alma...
Una masa distorsionada entonces envolvió el cuerpo de Phoenix al introducirse en él para finalmente desaparecer.
Una masa distorsionada entonces envolvió el cuerpo de Phoenix al introducirse en él para finalmente desaparecer.
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