Al amanecer del día siguiente emprendimos el camino hacia lo que llamamos el Oasis Desértico de nuestra isla. Me sentía renovada y con un objetivo a modo de misión que me suministraba dosis de positivismo.
Atravesábamos una extensa pradera bastante sobria en todos los sentidos; no había árboles, ni siquiera matojos, y mucho menos animales. Tenía sentido que esta inmensidad diera paso a un inhóspito desierto. Finalmente Fer y Phoenix hicieron buenas migas, lo cual me agradaba pues realmente pensaba que mi extraño amigo podía percibir el corazón puro de las personas, y por supuesto, la oscuridad de los pensamientos.
Pronto, uno de mis temores se cumplió cuando el ambiente cambió por completo. Una energía negra se hacía sentir cada vez más, y más cerca. No podía ser otra cosa que la presencia de Kenya, quien seguramente nos buscaba enfurecidamente desde hace horas.
-Tenemos que darnos prisa, ¡corred todo lo que podáis!- exclamé casi con desesperación, pues no podía esconder que Kenya me producía verdadero temor.
Mientras corríamos, logré a girarme un par de veces para darme cuenta que una nube negra se aproximaba a nosotros; protegía a una figura humana en su interior. En un abrir y cerrar de ojos, los tres habíamos recibido un impacto de advertencia que nos tumbó en un suelo de arena mezclada con césped. Todos nos levantamos lo más rápido que nos permitió nuestro cuerpo. Kenya estaba de pie inmóvil frente a nosotros, de manera retadora. No tardó en dar signos de ira hacia nosotros; como si de una muñeca de porcelana se tratara, dejó su cabeza caer hacia un lado, alzó la palma de su mano derecha y como si absorbiera la vida de su alrededor, un humo verde se consumía sobre la mano que se concentraba en una bola negra de energía. Ante nuestra cara de espanto, arqueó una media sonrisa, la cual cada vez me parecía más maquiavélica. Seguidamente orientó su mano hacia nosotros y nos lanzó su bola de energía. Creí que ahí terminaría todo, pero oí cómo Fer decía en última instancia:
-¡Busca el punto muerto! ¡Búscalo, o hazlo tú mismo!
Phoenix había sido mucho más rápido que Kenya, y nos había apartado a Fer y a mí del impacto, aunque logré ver que Fer quedó inconsciente. Tan sólo pude pensar en poner a mi amigo fuera de peligro y lo intenté arrastrar hasta detrás de una gran roca.
-No te molestes, Samantha- dijo Kenya con una voz muy profunda y grave-. Vais a morir de igual manera.
-Lo siento, pero no es el plan que tengo para hoy- intenté provocarla para distraerla cuanto pudiera.
Volvió a cargar una de sus bolas de energía que, tras lanzarla, fue desviada por el mismísimo Phoenix gracias a una especie de burbuja de escudo que nos envolvió a ambos. De un gesto, entendí que quería que montara sobre su lomo, y se dispuso a volar rápidamente hacia el corazón del desierto, que se suponía debía ser el punto sobre la isla con menos energía de vida poseída sobre la naturaleza. Pero Kenya quería terminar rápido, y se dispuso a atacarnos por la espalda. El gran grifo también desplegó sus alas y con ayuda de su gema, lanzó un remolino de poder hacia ella, lo cual dio lugar a un enfrentamiento sin fin.
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