Phoenix y yo nos dirijimos hacia el poblado para buscar un refugio donde poder recuperarnos y además, plantear nuestra idea.
En el colegio no había ni un alma, quizá todos se fueron a sus casas con sus familias tras la oleada de acontecimientos catastróficos que tan sólo daban pie a que empeoraría la situación. En realidad, prefería que tuviéramos intimidad a que el pueblo se percatara de la presencia de un ser desconocido del que, como podían suponer, fue el desencadenante de todas las desgracias dada la coincidencia con su aparición.
Para Phoenix fue imposible entrar por la puerta principal debido a sus dimensiones, por lo que tuvimos que dar un rodeo para alcanzar la puerta de empleados, la cual era más ancha y alta. Decidimos ubicarnos en un aula cercana a la salida. Lo primero que hice fue beber mucha agua, lavarme la cara dándome el lujo de hacerlo con tranquilidad, pues parecía que hacía años que no experimentaba el placer de hacer las cosas sin presión ni prisas. Sin embargo, esta sensación fue breve; el ruido de una de las puertas de la escuela me alertó. Me asomé al pasillo con sigilo, en busca de alguna pista de dónde se podía encontrar el intruso. Rápidamente pensé en Phoenix y en llegar a su aula antes que el otro individuo.
Al mirar por el cristal circular de la puerta de nuestro aula, me asusté al ver que el grifo miraba fijamente a alguien frente a él. Abrí la puerta rápidamente, y para mi sorpresa, reconocí a la persona que intentaba acercarse amistosamente a Phoenix.
-¿Tú otra vez?- pregunté de manera retórica entre enfadada y sorprendida.
-¡Vaya! ¡Hola, Sam! Te veo muy tranquila para ver que tengo a este tipo de criatura junto a mí...
-Sí, Fer, eso es porque esa criatura viene conmigo, así que será mejor que te alejes, no te aseguro que no te noquee de un solo zarpazo.
Sabía que Fer no tenía malas intenciones, pero dadas las circunstancias, en momento no podía fiarme de nadie. Por otro lado, también sabía que era curioso y cabezota, además de amante de todo ser vivo inteligente dentro y, ahora aparentemente, fuera de la Tierra.
-¿En serio? Por un momento creí que le caía bien...- comentó Fer pensativo, y sin ni siquiera darle importancia a mi advertencia sobre el zarpazo-. Y bueno, ¿es tu mascota o algo?- preguntó recuperando su habitual rostro risueño.
-Es largo de contar, y no tengo mucho tiempo para ello... Tenemos que irnos a acabar un asunto.
-¡Un asunto! Eso suena emocionante, sobre todo después de que la última vez que nos vimos, huíamos de una erupción volcánica y, por otro lado, no tenías a esta enigmática compañía. Por cierto, ¿qué hay de Kenya?- Fer se mostraba bastante insistente, por lo que finalmente acepté contarle un breve resumen de los acontecimientos.
Pasaron las horas, y la historia tan sólo parecía avivar la curiosidad de Fer, quien mostraba un humilde entusiasmo por echarnos una mano. Cogió un trozo de papel y un lápiz y comenzó a dibujar un boceto a grandes rasgos de nuestra isla, con el poblado, el punto caliente del volcán, y los diferentes tipos de fauna y flora que podíamos encontrar.
-Os aconsejo que atraigáis la atención de nuestra enemiga a esta zona- Yo me reí por el comentario de "nuestra enemiga" mientras Fer rodeaba con el lápiz un área pobre de vegetación en el boceto, casi desértico-. ¿Qué te hace tanta gracia? Hablo completamente en serio, te explicaré por qué...
No hay comentarios:
Publicar un comentario