-¡Eh!, ¿adónde vais?- nos gritó una voz familiar. Kenya y yo nos dimos la vuelta, y vimos a Fer, nuestro compañero de clase, que posiblemente no asistió a la última hora- No estáis seguras aquí fuera...
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
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