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viernes, 25 de septiembre de 2015

When Winter falls in love.

-Querido, para dar cierto calor y color a la vida terrestre ya estoy yo, no hace falta que te encargues tú de ello- comentó la risueña Primavera nada más entrar.
Una mirada acompañada de una suave brisa que removía su pelo grisáceo y su barba rizada hizo prever a Primavera que soltaría alguna de sus tristes quejas. Pero Invierno, simplemente, calló.
-Siempre tan frío... Tan cortante con un simple gesto. Pero siempre te hemos aceptado tal y como eres, no tienes por qué cambiar...
-Vera, creo que me he enamorado- anunció Invierno, y sus caídos ojos se abrieron con un golpe de viento que ondeó sus espesas pestañas-. Nunca he sentido este ardor interior, y es realmente acogedor. Sólo he saboreado lágrimas de dolor, y... he descubierto que también existen lágrimas con sabor dulce. Alegría. Paz. Siento que estoy en paz con el mundo...
Y por primera vez, la sonrisa de Vera cayó de la misma manera en que las flores de un almendro caen del árbol que les dió la vida.


viernes, 29 de marzo de 2013

Lazos



-Sé que me oyes... Y que no me contestarás. Pero puedo gritar, y puedo crear mucho desorden en ti, en esta cárcel en la que me tienes encerrada- un silencio se hizo en aquella extraña sala de cuatro paredes-. Me tienta, me encantaría vengarme, pero eso es de cobardes, y aún puedo presumir de conservar más cordura que tú, hombre sin corazón. Me pregunto si me lo merezco, me lo pregunto a mí misma porque conozco tu indudable afirmativa, sin embargo, no tienes por qué llevar razón en ello... Me he dado cuenta, ¿sabes? Me he dado cuenta de que a pesar de tenernos en la cabeza mutua y continuamente, nunca nos hemos conocido realmente, y lo peor es que siempre habrá lazos que nos unan, siempre te perteneceré...

De nuevo, hizo una pausa, para volver a la carga con más fuerza.-Sé que me oyes... ¡¡¡ME OYES... Y VAS A SEGUIR ACTUANDO COMO UN DICHOSO ASESINO!!! Te odio tanto... Pero te necesito. Contéstame, por favor, me muero por dentro... Y tu interior se muere conmigo.

-Cállate...-susurró por primera vez una voz famélica y rota de dolor.

-Puedes hacerme callar, pero jamás podrás hacerme desaparecer... papá...

martes, 5 de junio de 2012

Aura


Del suelo se desprendía una flama que hacía pesado el aire y dificultoso para respirar, a pesar de que tampoco tenía necesidad de alimentar sus pulmones de oxígeno. A través de estos detalles sensoriales, imaginó que se hallaba en un árido desierto. Pero tal fue su sorpresa al dibujarse ante sus ojos un paisaje un blanco marfil deslumbrante que descansaba sobre una gran llanura salpicada de enormes rocas, que sintió el golpe de un imaginario invierno que inspiraba toda aquella blancura.
Se elevó de aquel suelo inestable, otra sorpresa más. Miró al horizonte, y se dió cuenta de que el lugar era como un trozo de naturaleza en forma de isla, gravitando en el oscuro espacio bañado en plateadas estrellas.
En la lejanía, divisó un denso remolino rodeado de arena blanca que delataba la fuerza con la que avanzaba el fenómeno. Y avanzaba hacia ella.
"Eso va a picar...", murmuró Lisa, mientras contemplaba, paralizada, cómo se aproximaba el gran remolino. Buscaba a su alrededor con expresión de socorro alguna roca que le sirviera de refugio, pero se le escapaba el tiempo. Su pelo ya se agitaba con tal violencia que era imposible apartárselo de la cara. Finalmente, decidió taparse instintivamente el rostro con los brazos.
Calma.
-Curiosa forma de saludar la tuya...- expresó una evidente voz molesta.
Lisa bajó los brazos para encontrarse ante sí su propio reflejo, pero con la ausencia de cristal de un espejo cualquiera. A pesar del extraño recibimiento, el reflejo se mostraba curioso con el que encuentro. Lisa pronunció en palabras lo que hasta ahora no se atrevió apenas a pensar:
-Genial, tenemos una doble en el majestuoso Cielo...
-Directa al grano, ¿eh?- contestó su reflejo al tiempo que esbozaba una sonrisa- Está bien, haré yo lo mismo. Soy lo que los mortales llamáis "alma".
Lisa casi se arrepintió de haber empezado un tema tan complicado. Aún así, prosiguió con sus dudas:
-Pero si tú eres mi alma, ¿qué soy yo?- mirándose a sí misma.
-Tú... eres una de esas excepciones...
-Explícate.
-Eres ese aura que permanece unido a un cuerpo material, eres lo que otorga personalidad a un ser, lo que le hace diferente... Eres todo eso que debe morir con lo material.
-Bueno, ¿y entonces qué pinto yo aquí?
-Realmente no tengo respuesta exacta a esa pregunta. Yo sólo soy algo así como una actriz en busca de una identidad, de la cual guardaré todos sus recuerdos... Sin embargo, puedo decirte algo que te puede ayudar; las auras como tú que han llegado hasta aquí soléis tener una razón común: no os sentís preparadas para abandonar el mundo material...
Lisa miró a su alrededor, extrañada, sin entender. "Alma" se lo aclaró rápidamente:
-Diecisiete años, un papel perfumado, y una promesa escrita a pluma... ¿te suena?

domingo, 12 de febrero de 2012

Un doce de febrero de despedidas.

"Hola, me llamo Ingermar, soy natural de Suecia desde hace 78 años, pero llevo gran parte de mi vida viviendo en Málaga. Adoro este lugar. Creo que he aprovechado mi vida mientras pude; he viajado mucho, he conocido a gente estupenda que me ha hecho pasar momentos agradables, igual de estupenda que mi mujer, a pesar de que nuestra vejez y nuestros diferentes gustos nos mantengan separados físicamente la mayor parte del tiempo.
Tengo la sensación de que he envejecido mil años corporalmente en tan sólo un par de años reales. Cada día, siento cómo la sangre pierde su ritmo, pierde su recorrido; pierde su verdadera función de mantenerme con vida. Llevo varios días en el hospital, los mismos días que llevo sin comer; no tengo apetito.
Últimamente es como si tuviera frente a mí un espejo. Cada vez que abro los ojos, sólo me veo a mí. Tengo mala cara, me sangra la nariz, y la boca también. Estoy totalmente pálido, y estoy solo. Luego me doy cuenta de que no es un espejo, porque desaparezco tras una luz. Y ahora sí que estoy solo de verdad. Miro a mi alrededor... De entre las personas que más quiero, la más cerca que se encuentra de mí, se halla a setecientos kilómetros de distancia. ¿Para qué voy a esperar más? Sus vidas siguen, pero la mía acaba aquí. En la lejanía les digo adiós. Me pesan los ojos, y la vista se me nubla. ¿Merece la pena abrirlos una vez más? Sueño, sueño... Y en ese sueño me sumerjo. Cuán maravilloso nuevo despertar. El cuerpo se hace ligero, tan ligero que simplemente flota, vuela. Intento respirar, pero no hay necesidad, no hay oxígeno, sólo hay pureza en el ambiente... Es un buen sitio para descansar... Descansar en paz."

jueves, 29 de diciembre de 2011

Felices Fiestas.

Entrada chorra. Sí, muy chorra.
Sólo hay una cosa que quiero decir, y es que en un año se pueden aprender millones de cosas. Si no se te ocurren por lo menos diez cosas que hayas aprendido o que hayan cambiado en tu vida en los 362 días, lamento decirte que lo más seguro es que no le hayas sacado partido a casi nada del último año.
Lo pienso verdaderamente así. En un año tienes suficiente tiempo para conocer a mínimo, una persona, para leerte mínimo dos libros, para aprenderte al menos, tres palabras de un idioma, para equivocarte y admitirlo por lo menos, cuatro veces... Y así podría seguir hasta, por lo menos, acabar el año 2012. 
Y oye, quieras o no, con esas pocas tonterías puedes aprender más de lo que crees. Y más de uno dirá, "Caramba, pero si eso es súper sencillo", pues lo será, sí, y ¿por qué conozco yo gente que no ha experimentado nada de eso en todo un año? La hay, gente que ha tenido la oportunidad de conocer a alguien, pero realmente no se molesta en ello, simplemente se queda en un "hola" y un "adiós", y no sabe lo que se pierde, porque esa persona puede enseñarte esas tres palabras de algún feo o bonito idioma, pero... ¡quién sabe! A lo mejor esas tres palabras te ayudan a salir de un aprieto en medio de un viaje a... no sé, al kiosko de al lado cuyo dependiente es chino. Y así, podéis derrochar toda la imaginación que os plazca, que una cosa por más insignificante que pueda ser, puede enlazar a otra, como he hecho yo. 
En fin, empiezo a irme por los cerros de Úbeda. Así que espero que hayáis captado el mensaje, que como quien dice la vida está para disfrutarla, no para entenderla. Pero aprendiendo también se disfruta, oye. 

Felices Fiestas.

domingo, 18 de diciembre de 2011

For the sake of the song

Silencio. Eso que tanto había ansiado, al fin lo halló... en una solitaria sala sin puertas. Aún estaba despertando de su inconsciencia, intentando darle una respuesta a un "¿qué? ¿por qué?". Decidió que aún necesitaba estar tranquila, quería evitar alterarse, por lo que optó por observar la situación.
Suavidad. Se encontraba sentada sobre un suelo blando y sedoso, y no era lo único. Se levantó, y comprobó que las paredes también estaban acolchadas. No había nada más. Sobriedad total. Un último detalle era el techo, por llamarlo de alguna manera, pues más bien era una masa de luz a compresión en un espacio relativamente reducido. Al terminar de apreciar este pequeño sol, bajó la mirada y se encontró con una nueva sorpresa; otro espejo. Para sus ojos, resultaba mucho más bello que el anterior que vio nada más entrar en la casa que le llevó hasta allí. Una casa que le llevó a pensar que, al hacer memoria, no destacaba sólo por sus exóticas flores, sino también porque era la única cuya puerta carecía de cerrojo.
Acarició con la yema de los dedos el marco del espejo, testeando su robusta madera, calibrando la minuciosidad de sus ornamentos en forma de bucles. Daba la sensación de que, a pesar de que la madera había sido sometida artificialmente, quería seguir conservando su naturaleza a través de la imitación de la forma de sinuosas ramas y hojas. Al finalizar su análisis, se topó con su propia imagen, llevándose un sobresalto al verse a sí misma desnuda.
-¿Qué te pasa, Lisa?- dijo su propio reflejo, cobrando su propio e independiente movimiento, doblando la cabeza hacia un lado- ¿No eres capaz de desnudarte para ti misma?
La verdadera Lisa se llevó sus manos hasta su cuerpo, asegurándose de que aún conservaba su ropa, y luego contestó:
-Tú no eres yo.
-No, no. Te equivocas, yo soy tú, pero el tú que nació contigo. Desde entonces... Has acumulado tantas capas de personalidades que no eran tuyas, que ya ni siquiera me reconoces.
El reflejo parecía sentirse satisfecho con sus palabras, como si llevara tiempo ensayándolas para aquel momento. Sin embargo, a Lisa le incomodaban aquellas palabras. ¿Insinuaba aquel estúpido reflejo que fingía ser algo que no es? El reflejo atacó de nuevo, intuyendo sus pensamientos.
-Siempre has necesitado que te aprecien, pero eres una chica difícil y distinta, y eso te hace especial. No todos ven la magia que desprendes, y en ese "todos" te incluyo a ti. Por eso necesitas vestirte con una nueva personalidad, ¿sigues sin saber de qué hablo?
Un millón de recuerdos, miles de personas, cientos de momentos se sucedieron ante ella de forma fantasmal, bailando para ella a su alrededor. La invitaban a adentrarse en aquellos fragmentos de películas, haciéndole rememorar sensaciones y sentimientos, tristes y alegres. Y una vez mostrados, se congelaban para convertirse en simples imágenes que se adherían entre sí, formando un gran collage estampado sobre las cuatro paredes que le rodeaban. Claro que sabía de qué le hablaba su propio reflejo, pero no lo quería ver. Su reflejo desnudo aún seguía parada frente a ella, expectante.
-Y aún así, siempre he fracasado- concluyó Lisa.
Tras esto, el espejo mostró por primera vez fielmente a una muchacha vestida tal cual era. 
-¿Oyes esos violines?- le preguntó al bello espejo. 
Un sonido embriagador envolvió la sala, haciendo que la joven cerrara los ojos y se dejara llevar, sin darse cuenta que la masa de luz se liberaba de manera que envolvía toda la habitación.
Segundos más tarde, Lisa yacía sobre una almohada de doradas hojas, intentando hacer eterna aquella canción. Cuando abrió los ojos, un muchacho estaba sentado frente a ella, observándola con curiosidad. 
-¡Stephan! ¿Qué haces?- exclamó Lisa, algo indignada por cómo la miraba su amigo.
-Chica, no te ofendas. Se te veía tan felizmente abstraída allá donde tus sueños te llevaban que... quería pedirte permiso para entrar en ellos- dijo con diversión el chico.
Lisa sonrió, no sabía si por el desparpajo de su acompañante o porque aquello parecía formar parte de una bonita vuelta a la realidad. Miró a su alrededor, y alegremente le cogió la mano a aquel chico.
-Tienes permiso para formar parte de mis sueños a hacer realidad. 


martes, 13 de diciembre de 2011

Barchinona.

¿Quién no conoce a Hércules a estas alturas? Aunque puede que solo conozcáis la parte "peliculera", pero hace poco oí una versión sobre uno de los episodios más bellos, y a la vez, dramáticos de su vida. Y puede que os llevéis una o incluso un par de sorpresas al final de esta historia.

Cuenta la leyenda que, en una de sus doce misiones para volver a convertirse en dios, Hércules se hallaba navegando por las aguas Mediterráneas hacia la isla de Córcega acompañado de nueve embarcaciones. La tempestad y el oleaje que se encontraron eran tal que, al llegar a tierra, se percataron de que faltaba una de las naves con sus hombres. Desesperado, Hércules fue en busca de la novena embarcación. Tras días de búsqueda, era tan grande la alegría que le inundó al encontrar a sus hombres con la embarcación en una de las costas mediterráneas, que quiso bautizar aquellas tierras con el nombre de "Barchinona" (traducido, la novena barca), lo que hoy llamamos como Barcelona. Aquella noche recibieron la hospitalidad del pueblo, representado por un señor llamado Bébrix. Pensaba que su felicidad no podía ser mayor, hasta que Hércules se topó con la mirada de la hija de Bébrix, llamada Pirene. Era hermosa como pocas, sus ojos destellaban como esmeraldas, y sus cabellos dorados ondeaban con cada paso que daba. 
Se amaron en una noche tibia, bajo las constelaciones de plata que en aquel entonces ni siquiera eran nombradas. Pero cuando el sol irrumpió, Hércules anunció que debía seguir con sus misiones que le guiarían al Olympo, dejando a su amada bajo las sábanas de un silencioso llanto. Hércules prometió que volvería tras cumplir sus misiones, por ella. 
Lo que quizás olvidó el joven, es que su querida Pirene no ira inmortal como él, y por lo tanto, la locura le nubló la mente cuando le anunciaron su muerte. Pidió como último deseo que condujeran hasta donde se hallaba Pirene enterrada. Durante los siguientes días, Hércules se prometió que la tumba de su amada no sería como otra cualquiera. Por eso, empezó a poner roca sobre roca, día tras día, hasta conseguir formar una cordillera de montañas, a las que llamó "Pirineos". 

A pesar de que hay varias versiones sobre esta leyenda, me pareció una bonita forma de explicar el origen de Barcelona y sus imponentes Pirineos. Espero que os haya gustado. ¡Ésta no será la última que os cuente! 

Os dejo una canción de acompañamiento de "In Flames".