Sólo hay una cosa que quiero decir, y es que en un año se pueden aprender millones de cosas. Si no se te ocurren por lo menos diez cosas que hayas aprendido o que hayan cambiado en tu vida en los 362 días, lamento decirte que lo más seguro es que no le hayas sacado partido a casi nada del último año.
Lo pienso verdaderamente así. En un año tienes suficiente tiempo para conocer a mínimo, una persona, para leerte mínimo dos libros, para aprenderte al menos, tres palabras de un idioma, para equivocarte y admitirlo por lo menos, cuatro veces... Y así podría seguir hasta, por lo menos, acabar el año 2012.
Y oye, quieras o no, con esas pocas tonterías puedes aprender más de lo que crees. Y más de uno dirá, "Caramba, pero si eso es súper sencillo", pues lo será, sí, y ¿por qué conozco yo gente que no ha experimentado nada de eso en todo un año? La hay, gente que ha tenido la oportunidad de conocer a alguien, pero realmente no se molesta en ello, simplemente se queda en un "hola" y un "adiós", y no sabe lo que se pierde, porque esa persona puede enseñarte esas tres palabras de algún feo o bonito idioma, pero... ¡quién sabe! A lo mejor esas tres palabras te ayudan a salir de un aprieto en medio de un viaje a... no sé, al kiosko de al lado cuyo dependiente es chino. Y así, podéis derrochar toda la imaginación que os plazca, que una cosa por más insignificante que pueda ser, puede enlazar a otra, como he hecho yo.
En fin, empiezo a irme por los cerros de Úbeda. Así que espero que hayáis captado el mensaje, que como quien dice la vida está para disfrutarla, no para entenderla. Pero aprendiendo también se disfruta, oye.
Felices Fiestas.
Un buen consejo, para mí muy claro. Un beso
ResponderEliminar