Suavidad. Se encontraba sentada sobre un suelo blando y sedoso, y no era lo único. Se levantó, y comprobó que las paredes también estaban acolchadas. No había nada más. Sobriedad total. Un último detalle era el techo, por llamarlo de alguna manera, pues más bien era una masa de luz a compresión en un espacio relativamente reducido. Al terminar de apreciar este pequeño sol, bajó la mirada y se encontró con una nueva sorpresa; otro espejo. Para sus ojos, resultaba mucho más bello que el anterior que vio nada más entrar en la casa que le llevó hasta allí. Una casa que le llevó a pensar que, al hacer memoria, no destacaba sólo por sus exóticas flores, sino también porque era la única cuya puerta carecía de cerrojo.
Acarició con la yema de los dedos el marco del espejo, testeando su robusta madera, calibrando la minuciosidad de sus ornamentos en forma de bucles. Daba la sensación de que, a pesar de que la madera había sido sometida artificialmente, quería seguir conservando su naturaleza a través de la imitación de la forma de sinuosas ramas y hojas. Al finalizar su análisis, se topó con su propia imagen, llevándose un sobresalto al verse a sí misma desnuda.
-¿Qué te pasa, Lisa?- dijo su propio reflejo, cobrando su propio e independiente movimiento, doblando la cabeza hacia un lado- ¿No eres capaz de desnudarte para ti misma?
La verdadera Lisa se llevó sus manos hasta su cuerpo, asegurándose de que aún conservaba su ropa, y luego contestó:
-Tú no eres yo.
-No, no. Te equivocas, yo soy tú, pero el tú que nació contigo. Desde entonces... Has acumulado tantas capas de personalidades que no eran tuyas, que ya ni siquiera me reconoces.
El reflejo parecía sentirse satisfecho con sus palabras, como si llevara tiempo ensayándolas para aquel momento. Sin embargo, a Lisa le incomodaban aquellas palabras. ¿Insinuaba aquel estúpido reflejo que fingía ser algo que no es? El reflejo atacó de nuevo, intuyendo sus pensamientos.
-Siempre has necesitado que te aprecien, pero eres una chica difícil y distinta, y eso te hace especial. No todos ven la magia que desprendes, y en ese "todos" te incluyo a ti. Por eso necesitas vestirte con una nueva personalidad, ¿sigues sin saber de qué hablo?
Un millón de recuerdos, miles de personas, cientos de momentos se sucedieron ante ella de forma fantasmal, bailando para ella a su alrededor. La invitaban a adentrarse en aquellos fragmentos de películas, haciéndole rememorar sensaciones y sentimientos, tristes y alegres. Y una vez mostrados, se congelaban para convertirse en simples imágenes que se adherían entre sí, formando un gran collage estampado sobre las cuatro paredes que le rodeaban. Claro que sabía de qué le hablaba su propio reflejo, pero no lo quería ver. Su reflejo desnudo aún seguía parada frente a ella, expectante.
-Y aún así, siempre he fracasado- concluyó Lisa.
Tras esto, el espejo mostró por primera vez fielmente a una muchacha vestida tal cual era.
-¿Oyes esos violines?- le preguntó al bello espejo.
Un sonido embriagador envolvió la sala, haciendo que la joven cerrara los ojos y se dejara llevar, sin darse cuenta que la masa de luz se liberaba de manera que envolvía toda la habitación.
Segundos más tarde, Lisa yacía sobre una almohada de doradas hojas, intentando hacer eterna aquella canción. Cuando abrió los ojos, un muchacho estaba sentado frente a ella, observándola con curiosidad.
-¡Stephan! ¿Qué haces?- exclamó Lisa, algo indignada por cómo la miraba su amigo.
-Chica, no te ofendas. Se te veía tan felizmente abstraída allá donde tus sueños te llevaban que... quería pedirte permiso para entrar en ellos- dijo con diversión el chico.
Lisa sonrió, no sabía si por el desparpajo de su acompañante o porque aquello parecía formar parte de una bonita vuelta a la realidad. Miró a su alrededor, y alegremente le cogió la mano a aquel chico.
-Tienes permiso para formar parte de mis sueños a hacer realidad.
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