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lunes, 4 de febrero de 2019

- Vulcania - Capítulo XVII - "De vuelta al hogar"

Los siguientes dos días al enfrentamiento con Kenya, Phoenix se quedó en el poblado de la manera más discreta posible, pues nadie tenía por qué enterarse de lo ocurrido. Fer opinaba todo lo contrario, que el pueblo debía conocer la historia con todo detalle, "para que aprendan que el lado oscuro no tiene cabida en este mundo, ¡ah! Y por supuesto, ¡que conozcan que no somos los únicos seres en este universo!" dijo textualmente con su habitual entusiasmo.
Cuando la criatura voladora pudo recuperarse, le pedí ayuda a mi padre en busca de una manera de que mi amigo pudiera volver a su mundo. Obviamente, mi padre quedó alucinado, sin embargo, se puso manos a la obra enseguida. Concluyó que aún podía haber altas posibilidades de que la puerta astral que había sido abierta aún se mantuviera intacta. Tras varias horas de búsqueda, pues lógicamente el pobre Phoenix no se orientaba bien en nuestro mundo, volvimos a encontrar el punto exacto de la puerta astral. 
-Has sido un verdadero amigo, Phoenix- dije entre sollozos al despedirnos-. Espero que seas muy feliz en tu mundo.
-Si coges otra puerta astral, ¡no dudes en visitarnos de nuevo, pequeño!- exclamó Fer, quien intentaba aparentar no estar triste.
-Esto es genial, ¡por fin una prueba de que las puertas astrales, los agujeros de gusano, y de que todas mis investigaciones iban bien encaminadas!- exclamó mi padre, a quien dirigí una mirada de enfado para que guardara la compostura- Ah sí, claro. Pequeño, ten cuidado al otro lado. Ha sido todo un placer conocerte.
Finalmente, Phoenix me dedicó una última mirada con un rayo de luz que me envolvió y me susurró:
-Has sido la mejor persona que he conocido en dos mundos. Jamás dejes que nadie empequeñezca tu inmenso corazón y tu más puro alma...

Una masa distorsionada entonces envolvió el cuerpo de Phoenix al introducirse en él para finalmente desaparecer.


domingo, 3 de febrero de 2019

- Vulcania - Capítulo XVI - "La lucha final"

Yo intentaba centrar mis pensamientos en dónde debía encontrarse el punto muerto, mirando en todas las direcciones. Tras varios intentos, por fin pude avistar una especie de zona muerta dado su aspecto. No podía ser otra cosa, la arena se tornaba de color ceniza, y además el suelo tendía como a hundirse, y el poco matorral se pudría a su alrededor.
- ¡Phoenix! ¡Dirijámonos hacia allí!- le indiqué alzando el dedo hacia la dirección deseada.
Entonces el grifo batió sus alas como nunca pude ver antes, y alcanzó una velocidad vertiginosa. A tan sólo dos metros sobre el suelo, Phoenix dio su última batida con toda la fuerza de un titán y consiguió abrir un socavón oscuro en el cual se adentró. Me trajo recuerdos de la cueva, pues parecía que aquel agujero estaba allí previamente a la "explosión" que mi amigo provocó. Otra vez, solos en la oscuridad, intentando ayudarnos el uno al otro, intentando huir de algo desconocido.
Como era de esperar, Kenya nos pisaba los talones, y llegó un momento en el que no pudimos evitarla más. La miramos por primera vez fijamente a los ojos, a una distancia de unos cinco metros, lo suficiente para su rabia, pero también, su poder era más débil. Ella no pareció percatarse de ello, porque volvió a alzar la mano en busca de energía... Una energía que no llegaba. 
Por fin, vi cómo de su rostro se borraba su sonrisa burlona por primera. Escudriñó nuestros cuerpos, nuestras miradas, incluso diría que nuestras mentes en busca de una explicación. 
-Entiendo...- dijo Kenya mostrando abatimiento-. Pero tengo un último as en la manga.
Volvió a arquear media sonrisa, y seguidamente, noté que sus garras invisibles me atrapaban y me arrastraban hacia ella.
-Lo que no sabías es que tú también eres vida, y contienes energía que me sirve...
Kenya parecía realmente orgullosa. En un último movimiento, logré girarme hacia Phoenix con lágrimas en los ojos, rogándole con la mirada que terminara con aquello y trajera la paz que buscábamos. 
Entonces, él reaccionó, y su gema comenzó a emitir energía de mil colores que giraban sobre sí y se fusionaban hasta alcanzar un blanco brillante que finalmente salió disparado sobre el cuerpo de Kenya. Yo caí sobre el suelo, y volvió a darse entre ellos una última lucha. Aparentemente, Kenya aún conservaba energía de todo lo que había absorbido previamente, pero pronto flaqueó y se vio a sí misma rogándole a Phoenix que le perdonara la vida. 
Entonces, la gema envolvió a Kenya. 
"He conocido a muchos humanos como tú, devorados por la avaricia del poder. Ese poder no os lleva a ningún lado. No os da felicidad, no os otorga la llave del mundo, no sois dueños de la tierra que pisáis ni de los seres que lo habitan. He conocido muchos seres como tú, y decidí que no merecemos dejarnos subordinar por alimañas así. Tú serás la primera que pague por todo el sufrimiento de los míos..."
Un humo negro y espeso comenzó a salir de la boca de Kenya, cuya piel adquiría un tono más pálido a medida que salía, hasta simplemente, desplomarse. 

Suspiré tranquila.

- Vulcania - Capítulo XV - "El punto muerto"

Al amanecer del día siguiente emprendimos el camino hacia lo que llamamos el Oasis Desértico de nuestra isla. Me sentía renovada y con un objetivo a modo de misión que me suministraba dosis de positivismo.
Atravesábamos una extensa pradera bastante sobria en todos los sentidos; no había árboles, ni siquiera matojos, y mucho menos animales. Tenía sentido que esta inmensidad diera paso a un inhóspito desierto. Finalmente Fer y Phoenix hicieron buenas migas, lo cual me agradaba pues realmente pensaba que mi extraño amigo podía percibir el corazón puro de las personas, y por supuesto, la oscuridad de los pensamientos.
Pronto, uno de mis temores se cumplió cuando el ambiente cambió por completo. Una energía negra se hacía sentir cada vez más, y más cerca. No podía ser otra cosa que la presencia de Kenya, quien seguramente nos buscaba enfurecidamente desde hace horas.
-Tenemos que darnos prisa, ¡corred todo lo que podáis!- exclamé casi con desesperación, pues no podía esconder que Kenya me producía verdadero temor.
Mientras corríamos, logré a girarme un par de veces para darme cuenta que una nube negra se aproximaba a nosotros; protegía a una figura humana en su interior. En un abrir y cerrar de ojos, los tres habíamos recibido un impacto de advertencia que nos tumbó en un suelo de arena mezclada con césped. Todos nos levantamos lo más rápido que nos permitió nuestro cuerpo. Kenya estaba de pie inmóvil frente a nosotros, de manera retadora. No tardó en dar signos de ira hacia nosotros; como si de una muñeca de porcelana se tratara, dejó su cabeza caer hacia un lado, alzó la palma de su mano derecha y como si absorbiera la vida de su alrededor, un humo verde se consumía sobre la mano que se concentraba en una bola negra de energía. Ante nuestra cara de espanto, arqueó una media sonrisa, la cual cada vez me parecía más maquiavélica. Seguidamente orientó su mano hacia nosotros y nos lanzó su bola de energía. Creí que ahí terminaría todo, pero oí cómo Fer decía en última instancia:
-¡Busca el punto muerto! ¡Búscalo, o hazlo tú mismo!
Phoenix había sido mucho más rápido que Kenya, y nos había apartado a Fer y a mí del impacto, aunque logré ver que Fer quedó inconsciente. Tan sólo pude pensar en poner a mi amigo fuera de peligro y lo intenté arrastrar hasta detrás de una gran roca.
-No te molestes, Samantha- dijo Kenya con una voz muy profunda y grave-. Vais a morir de igual manera.
-Lo siento, pero no es el plan que tengo para hoy- intenté provocarla para distraerla cuanto pudiera.
Volvió a cargar una de sus bolas de energía que, tras lanzarla, fue desviada por el mismísimo Phoenix gracias a una especie de burbuja de escudo que nos envolvió a ambos. De un gesto, entendí que quería que montara sobre su lomo, y se dispuso a volar rápidamente hacia el corazón del desierto, que se suponía debía ser el punto sobre la isla con menos energía de vida poseída sobre la naturaleza. Pero Kenya quería terminar rápido, y se dispuso a atacarnos por la espalda. El gran grifo también desplegó sus alas y con ayuda de su gema, lanzó un remolino de poder hacia ella, lo cual dio lugar a un enfrentamiento sin fin.

- Vulcania - Capítulo XIV - "Un plan con ayuda"

Phoenix y yo nos dirijimos hacia el poblado para buscar un refugio donde poder recuperarnos y además, plantear nuestra idea.
En el colegio no había ni un alma, quizá todos se fueron a sus casas con sus familias tras la oleada de acontecimientos catastróficos que tan sólo daban pie a que empeoraría la situación. En realidad, prefería que tuviéramos intimidad a que el pueblo se percatara de la presencia de un ser desconocido del que, como podían suponer, fue el desencadenante de todas las desgracias dada la coincidencia con su aparición.
Para Phoenix fue imposible entrar por la puerta principal debido a sus dimensiones, por lo que tuvimos que dar un rodeo para alcanzar la puerta de empleados, la cual era más ancha y alta. Decidimos ubicarnos en un aula cercana a la salida. Lo primero que hice fue beber mucha agua, lavarme la cara dándome el lujo de hacerlo con tranquilidad, pues parecía que hacía años que no experimentaba el placer de hacer las cosas sin presión ni prisas. Sin embargo, esta sensación fue breve; el ruido de una de las puertas de la escuela me alertó. Me asomé al pasillo con sigilo, en busca de alguna pista de dónde se podía encontrar el intruso. Rápidamente pensé en Phoenix y en llegar a su aula antes que el otro individuo. 
Al mirar por el cristal circular de la puerta de nuestro aula, me asusté al ver que el grifo miraba fijamente a alguien frente a él. Abrí la puerta rápidamente, y para mi sorpresa, reconocí a la persona que intentaba acercarse amistosamente a Phoenix.
-¿Tú otra vez?- pregunté de manera retórica entre enfadada y sorprendida.
-¡Vaya! ¡Hola, Sam! Te veo muy tranquila para ver que tengo a este tipo de criatura junto a mí...
-Sí, Fer, eso es porque esa criatura viene conmigo, así que será mejor que te alejes, no te aseguro que no te noquee de un solo zarpazo.
Sabía que Fer no tenía malas intenciones, pero dadas las circunstancias, en momento no podía fiarme de nadie. Por otro lado, también sabía que era curioso y cabezota, además de amante de todo ser vivo inteligente dentro y, ahora aparentemente, fuera de la Tierra.
-¿En serio? Por un momento creí que le caía bien...- comentó Fer pensativo, y sin ni siquiera darle importancia a mi advertencia sobre el zarpazo-. Y bueno, ¿es tu mascota o algo?- preguntó recuperando su habitual rostro risueño.
-Es largo de contar, y no tengo mucho tiempo para ello... Tenemos que irnos a acabar un asunto.
-¡Un asunto! Eso suena emocionante, sobre todo después de que la última vez que nos vimos, huíamos de una erupción volcánica y, por otro lado, no tenías a esta enigmática compañía. Por cierto, ¿qué hay de Kenya?- Fer se mostraba bastante insistente, por lo que finalmente acepté contarle un breve resumen de los acontecimientos.
Pasaron las horas, y la historia tan sólo parecía avivar la curiosidad de Fer, quien mostraba un humilde entusiasmo por echarnos una mano. Cogió un trozo de papel y un lápiz y comenzó a dibujar un boceto a grandes rasgos de nuestra isla, con el poblado, el punto caliente del volcán, y los diferentes tipos de fauna y flora que podíamos encontrar.
-Os aconsejo que atraigáis la atención de nuestra enemiga a esta zona- Yo me reí por el comentario de "nuestra enemiga" mientras Fer rodeaba con el lápiz un área pobre de vegetación en el boceto, casi desértico-. ¿Qué te hace tanta gracia? Hablo completamente en serio, te explicaré por qué...

sábado, 29 de diciembre de 2018

- Vulcania - Capítulo XIII - "La revelación"


Imagino que Phoenix pensó que aquel supondría su final, sin embargo, tras la oscuridad de ese precipicio se encontró con el herbáceo suelo de otro planeta muy similar, el nuestro, la Tierra. Fue tras esa caída estrepitosa caída cuando se dañó el ala.
La gema dejó de emitir imágenes en mi cabeza para devolverme a la realidad. Dejó de brillar, y se volvió a introducir en el pecho del grifo. Miré a Phoenix emocionada, y tan sólo pude articular:
-Siento tu pérdida, pequeño- en aquellos momentos pasaban muchos pensamientos dispares en mi cabeza, como que no sólo en nuestro planeta existían especies de humanos que se aprovechaban de otros seres.
Me pregunté cómo pudo Phoenix depositar confianza en mi persona tras una mala experiencia con seres similares a mí. Como leyendo mis pensamientos, el grifo giró su cabeza hacia la herida que ya no era apenas detectable. Sonreí como pude, pues notaba que mis labios se agrietaban con el más mínimo movimiento. Tras ordenar mis pensamientos, también entendí una cosa más: el engaño de Kenya. Tras saber esta historia, sólo pude concluir que la bruja podía conocer los poderes de la gema de unos de estos seres, y que ésto tan sólo podía otorgarle aún más poder. Jamás tuvo la intención de salvar a nadie.
Ahora llegaba lo más complicado, averiguar cómo luchar contra ese poder. O quizá la pregunta era más bien, cómo inhibirlo.
Me senté sobre la espesa hierva, enredando mis ideas entre los brotes, y haciendo que mis dedos volvieran a jugar con ella. Me di cuenta de lo derrotada que estaba, pero también me di cuenta...
Phoenix, ya sé cómo inhibir el poder de esa estúpida bruja o lo que diablos sea!- exclamé feliz y muriéndome de dolor por no poder evitar sonreír.

El grifo pareció devolverme la sonrisa.

- Vulcania - Capítulo XII - "Procedencia"


El Horus parecía querer entenderme, pues su gesto inmediato fue ladear la cabeza. Entonces, sobre su pecho surgió una luz brillante blanca que terminó definiéndose en la forma de una gema. Parecía sobrar vida a su antojo, pues seguidamente, actuó en forma de pequeño espejo en el que vi reflejado mi aspecto demacrado. Sentí el impulso de acercarme y tocarlo, y vi que al grifo no parecía importarle, así que no me detuve. La gema parecía decirme que ya era suficiente, pues de nuevo cambió su apariencia y tomó los colores del mismísimo universo oscuro, e iluminado tan sólo por lejanas estrellas y constelaciones. Además, parecía insertarme en ese impensable viaje sin necesidad de traje de astronauta. El viaje fue fabuloso hasta que reconocí, a lo lejos, un agujero negro tragándose toda materia a su alrededor, entre ella, lo que parecían los restos de una estrella. Sentí verdadero terror, pues creí que en cualquier momento también me vería convertida en materia muerta en medio del espacio. Sin embargo, algo más fuerte absorbió mi cuerpo, para coger una velocidad vertiginosa a través de un túnel compuesto de colores estelares por doquier. Por fin parecía acercarse el final del viaje, que desembocó un lugar un tanto más familiar. Bajo mis pies se esforzaban por crecer brotes de flora extraterrestre. Y es que eso lo tenía claro, no se trataba de nuestro planeta. Puede que hubieran cordilleras nevadas, inmensas llanuras de un color verde intenso, y desiertos rojizos que parecían ser el reflejo del su particular Sol, pero... dudo mucho que en algún momento de la vida de la Tierra, ésta contara con tres espectaculares lunas dispuestas triangularmente.
La gema me dirigió entonces a un lugar recóndito de, digamos"su planeta", entre aquellas inmensas cordilleras, adentrándome en una espaciosa cueva, la cual no se parecía a la que tuve "el placer" de conocer cuando me perdí. Al final de la cueva, había un precipicio sin fin, oscuro como el agujero negro. El sonido de un resoplido a mis espaldas me llevó a girarme para ver cómo un grifo se internaba también en la cueva. Parecía agitado e inquieto a la espera de la aparición de alguien más. Me acerqué para ver quién más se aproximaba, y lo siguiente fue desolador. Otro grifo más, bastante débil, se arrastraba con una profunda herida en su pecho, con la misma forma de la gema que provocaba estas escenas. Más atrás, una figura humanoide pero bastante voluminosa y robótica, avanzaba pero levitando sobre el suelo con un aparato angular sobre una de sus extremidades, y con una gema brillando sobre la palma de su mano, la que supuse entonces, que debía estar naturalmente sobre el pecho del grifo herido. Sin articular palabra, entendí que éste le comunicó a Phoenix, sí, debía ser Phoenix, que no se dejara atrapar.
-No dejes que se lleven lo que buscan, con cada gema, se creen más dueños de Vulcania- sus ojos se apagaban más con cada segundo que pasaba, y Phoenix seguía intentando llevarla con él. Ella le miró por última vez, y añadió-. Viví la vida que quise junto a ti...
Vi lágrimas en aquellos ojos aguileños, y cuando se oyó un sonido robótico aún más cercano, tomó su última decisión desesperada: arrastró el cuerpo del grifo fallecido y el suyo propio hasta el precipicio justo antes de que el humanoide consiguiera atraparles.

- Vulcania - Capítulo XI - "El rescate"


Apenas se resistió media sonrisa en el rostro de Kenya, junto con su incesante mirada retadora que vestía desde que me reencontré con ella. Ahora me preguntaba si sufría algún tipo de enfermedad mental como ser bipolar, o si simplemente había sido una estupenda actriz todos estos años.

- ¿Qué pretendes hacer?- le interrogué tras observarla durante unos segundos.
- Ese ser del que te hablo, el Horus, es un ser que no pertenece a este planeta, necia. Mi abuela dejó plasmado su vaticinio en sus escritos sobre la llegada de una criatura maligna, de otro mundo. Sembraría el caos en nuestro planeta, y eliminaría todo rastro de humanidad sobre la faz de la tierra- entonces se giró hacia mí, dándome cuenta de que su mirada había recobrado la dulzura propia de su persona. Finalmente añadió:- Y por eso debo eliminarlo.

Yo no podía explicarme cómo podía ser verdad que una criatura tan bella y noble pudiera provocar un final tan nefasto. Me entristeció profundamente al recordar los breves momentos que compartí con este ser, cómo le curé la herida, cómo me dejó acercarme, y cómo desapareció... Sin hacerme ningún tipo de daño intencionado. ¿Cómo podía ser? Si su intención era eliminar todo motivo de vida sobre el planeta, ¿por qué no empezó por mí? Podía haberme matado de un simple plumazo literalmente. En ese momento, a Kenya le empezó a rodear un especie de halo azul alrededor de su cuerpo, que se concentraba y se hacía más fuerte y llamativo sobre la palma de su mano. Deduje que estaba absorbiendo energía de manera mágica, porque a su vez, yo sentí una repentina debilidad física, como si en cualquier momento mi cuerpo pudiera desfallecer. Conseguí ver que ante mí, se iba a librar un enfrentamiento entre ambos Kenya y Phoenix, mientras Kenya seguía acumulando poder y el Horus aumentaba la velocidad para cargar su cuerpo contra Kenya, o eso creía.

Perdí la consciencia antes de que los dos cuerpos mágicos estallaran en una especie de placaje contra Kenya. Cuando abrí los ojos, creí haber muerto, pues en toda la panorámica que podía llegar a avistar, tan sólo me invadía un color, el celeste. Además, descubrí que mi cuerpo volaba, pues no cesaba el intenso viento y que, como si de mi espalda surgieran, a ambos lados de mis hombros, se extendían unas enormes alas doradas. Por suerte, mi cerebro no tardó mucho más en situarme en la verdadera realidad: me hallaba tumbada sobre el lomo de Phoenix. Pareció percatarse de mi repentino despertar, pues lanzó unos de sus chillidos de ave, e inmediatamente se posó sobre la colina más próxima de la manera más cuidadosa posible. Abrumada por la belleza y la nobleza del ser, mis labios sólo pudieron articular:
- Eres el ser más precioso que han visto mis ojos, Phoenix... - sin dejar de mirarle, las últimas imágenes guardadas en mi memoria se mostraron ante mí, y por fin, reaccioné-. Tú no quieres matarnos, ¿por qué ella a ti sí?