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sábado, 29 de diciembre de 2018
- Vulcania - Capítulo XII - "Procedencia"
El Horus parecía querer entenderme, pues su gesto inmediato fue ladear la cabeza. Entonces, sobre su pecho surgió una luz brillante blanca que terminó definiéndose en la forma de una gema. Parecía sobrar vida a su antojo, pues seguidamente, actuó en forma de pequeño espejo en el que vi reflejado mi aspecto demacrado. Sentí el impulso de acercarme y tocarlo, y vi que al grifo no parecía importarle, así que no me detuve. La gema parecía decirme que ya era suficiente, pues de nuevo cambió su apariencia y tomó los colores del mismísimo universo oscuro, e iluminado tan sólo por lejanas estrellas y constelaciones. Además, parecía insertarme en ese impensable viaje sin necesidad de traje de astronauta. El viaje fue fabuloso hasta que reconocí, a lo lejos, un agujero negro tragándose toda materia a su alrededor, entre ella, lo que parecían los restos de una estrella. Sentí verdadero terror, pues creí que en cualquier momento también me vería convertida en materia muerta en medio del espacio. Sin embargo, algo más fuerte absorbió mi cuerpo, para coger una velocidad vertiginosa a través de un túnel compuesto de colores estelares por doquier. Por fin parecía acercarse el final del viaje, que desembocó un lugar un tanto más familiar. Bajo mis pies se esforzaban por crecer brotes de flora extraterrestre. Y es que eso lo tenía claro, no se trataba de nuestro planeta. Puede que hubieran cordilleras nevadas, inmensas llanuras de un color verde intenso, y desiertos rojizos que parecían ser el reflejo del su particular Sol, pero... dudo mucho que en algún momento de la vida de la Tierra, ésta contara con tres espectaculares lunas dispuestas triangularmente.
La gema me dirigió entonces a un lugar recóndito de, digamos"su planeta", entre aquellas inmensas cordilleras, adentrándome en una espaciosa cueva, la cual no se parecía a la que tuve "el placer" de conocer cuando me perdí. Al final de la cueva, había un precipicio sin fin, oscuro como el agujero negro. El sonido de un resoplido a mis espaldas me llevó a girarme para ver cómo un grifo se internaba también en la cueva. Parecía agitado e inquieto a la espera de la aparición de alguien más. Me acerqué para ver quién más se aproximaba, y lo siguiente fue desolador. Otro grifo más, bastante débil, se arrastraba con una profunda herida en su pecho, con la misma forma de la gema que provocaba estas escenas. Más atrás, una figura humanoide pero bastante voluminosa y robótica, avanzaba pero levitando sobre el suelo con un aparato angular sobre una de sus extremidades, y con una gema brillando sobre la palma de su mano, la que supuse entonces, que debía estar naturalmente sobre el pecho del grifo herido. Sin articular palabra, entendí que éste le comunicó a Phoenix, sí, debía ser Phoenix, que no se dejara atrapar.
-No dejes que se lleven lo que buscan, con cada gema, se creen más dueños de Vulcania- sus ojos se apagaban más con cada segundo que pasaba, y Phoenix seguía intentando llevarla con él. Ella le miró por última vez, y añadió-. Viví la vida que quise junto a ti...
Vi lágrimas en aquellos ojos aguileños, y cuando se oyó un sonido robótico aún más cercano, tomó su última decisión desesperada: arrastró el cuerpo del grifo fallecido y el suyo propio hasta el precipicio justo antes de que el humanoide consiguiera atraparles.
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