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jueves, 10 de noviembre de 2011

Walpurgis. Parte IV

Desde que vio cómo desaparecía su hija, Alfred no había parado de sollozar. Los demás también se hallaban inmersos en una profunda consternación. Mil pensamientos pasaban por sus cabezas, y entre otras cosas, se preguntaban si pasarían más sustos esa noche. Golpes. Como en respuesta a sus preguntas, unos fuertes golpes provenientes de la puerta de entrada les puso en alerta de nuevo. Por la magnitud de los golpes que recibía la puerta, supusieron que la querían echar abajo, pero al rato cesaron. Los más curiosos del grupo atravesaron el pasillo que les conducía a la entrada. Lisa y Diego buscaron algún resquicio, el cual encontraron sobre el marco superior.
-Diego, ayúdame a subir. 
Fue tal la sorpresa que se llevó Lisa al subir y mirar al exterior que se tambaleó sobre los hombros del chico, obligando a éste a agacharse para que la joven no cayera. 
-¿Qué has visto?-preguntó Diego, inquieto. 
-No estoy segura... Reunámonos con los demás.
Una vez juntos, Lisa contó lo poco que vio; "cinco mujeres vestidas de luto y con pelos de loca murmurando cosas al unísono, y en otro idioma", dijo textualmente.
-Son brujas- intervino Alfred, ya un poco más recuperado.
A pesar de que empezaban a acostumbrarse a las sorpresas, no podían evitar que surgiera cierto escepticismo. Alfred lo notó, por lo que intentó explicarse.
-Chicos, no estoy loco. Todos habéis visto a mi hija, ¿verdad? -los demás asintieron- Bien. Pues ella murió hace tres años...
Alfred dejó sin habla a sus acompañantes, pero también logró aumentar la curiosidad, así que prosiguió.
-Sucedió en este hostal, en el que aquel entonces trabajaba. Fue una noche como la de hoy, 31 de abril. Me llamaron diciendo que la habían encontrado muerta en el piso de arriba- señaló las escaleras que ya se habían ganado el sobrenombre de "las malditas"-. Cuando vine a verlo con mis propios ojos, me la encontré en el suelo rodeada de un círculo con una estrella de cinco puntas y alguna velas. Le habían clavado una daga en el corazón... -hizo una pausa para recuperar el aliento- Hubo quien dijo que era obra de las brujas, por ser su noche, la "Walpurgis Nacht", en la que invocan al Diablo.
Fuera del hostal, cinco mujeres miraban sin pestañear la puerta de entrada. Ésta se abrió de golpe como por arte de magia, y cada una de ellas, que traían un aspecto desaliñado y sin embargo poseían unos andares falsamente magistrales, entraron con una maliciosa sonrisa, una de ellas incluso con un tic nervioso que le deformaba media cara.
-Huelo a carne fresca- dijo la mujer del tic nervioso, con los ojos muy abiertos.
-Deben de andar cerca, pero se han escondido... Pobres animales...-comentó otra, la que iba más adelantada en el pasillo, provocando sonoras carcajadas. 

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