-Laura, estoy intentando llamar a mamá- comentó Diego a su hermana mientras atravesaban la sala común-, pero no hay cobertura, prueba tú con tu móvil.
Laura asintió, y ambos se pararon para buscar el teléfono, olvidando que sus compañeros se alejaban.
Lisa, Mildred y Rose-Marie seguían a la muchacha encargada del hostal. Llevaban recorrido un tramo de un estrecho y eterno pasillo, cuando la recepcionista paró en seco y se giró hacia las chicas.
-Vuestra habitación está al final de este pasillo, número cuatrocientos veinte. Disfrutad de la estancia.
-Perdona... ¡disculpa! No nos ha dado la llave...
-No os hará falta- replicó la mujer mientras les daba la espalda.
-Esa mujer da miedo...-susurró Mildred- ¿Dónde están Diego y Laura?
Repentinamente, las luces se apagaron, dejándolas totalmente a oscuras.
-Genial... ¿veis algo?
-No, no os mováis, voy a intentar daros la mano... Vale, ¿de quién es la mano que he cogido?
-Soy yo.
-Ok, Lisa, estás a mi derecha y Mildred a mi izquierda... Laura y Diego, si estáis aquí decid algo, por favor...
Silencio.
-Si esto es una broma, no tiene gracia...-insistieron.
Más silencio.
-¿Qué hacemos?- Lisa empezaba a impacientarse- No me gusta la oscuridad.
-Haremos lo siguiente -Rose-Marie parecía llevar mejor la situación-. Laura tú te guiarás con la pared de tu lado, y tú, Lisa, ve tocando la pared de tu derecha. Intentaremos volver a la recepción.
Diego y Laura no habían conseguido llamar a sus padres debido a la falta de cobertura, y se acababan de dar cuenta de que estaban solos. Ante la situación, no se atrevían a buscar la habitación sin saber el número, pues habían varias salidas desde la sala común hacia pasillos, por lo que prefirieron esperar durante un rato. "Tarde o temprano tendrá que volver la recepcionista", se decían. Mientras tanto, examinaban cada detalle del salón. Diego analizaba los retratos colgados en la pared y Laura miraban a través de la ventana lo que parecía un sombrío cementerio, cuando las luces del interior se extinguieron. Sin embargo, no les invadió la completa oscuridad, la luna y parte de la luz de las farolas de la calle ayudaban a vislumbrar la sala.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Laura.
-Sólo es un corte de luz...
Acto seguido, un portazo proveniente de la entrada les sobresaltó, haciendo temblar todo el hostal. Segundos más tarde, unos pasos precipitados, esta vez desde otra parte de la habitación terminaron por desencadenar una reacción un tanto violenta en Diego y Laura, pero sobre todo de la última. Así que no fue extraño que Lisa recibiera algún manotazo y un escandaloso griterío al llegar a la sala, al que se unieron también Rose-Marie y Mildred. Pronto se percataron del magnífico reencuentro y los gritos se transformaron en sonrisas y abrazos.
En medio de tanta alegría, volvió a resonar un portazo. La luz volvió a iluminarles y una figura rechoncha y no muy alta apareció tras la puerta.
-¡EH! ¿quiénes sois? ¿cómo habéis entrado aquí?
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