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domingo, 20 de noviembre de 2011

El misterio de los neutrinos.

Los que me siguen en Twitter o Facebook ya saben de mi interés por este tema científico novedoso: el logro de los neutrinos y lo que ésto conlleva. Resumiré como pueda por qué están dando tanto que hablar estas diminutas partículas. Para empezar, os hablaré de la famosa teoría de la relatividad de Einstein, según la cual nada viaja más rápido que la luz. Bien, pues puede que esta ley que siempre hemos conocido así, se eche a perder debido a un experimento llevado a cabo por el CERN (Organización europea para la investigación nuclear). El resultado del Opera, que así ha sido llamado el experimento de tres años, ha sido que los neutrinos han tardado 60 nanosegundos menos que la luz en recorrer una determinada distancia. Debido a la sorpresa y revuelo que ésto ha provocado, hay quien piensa que ha puede haberse cometido algún error, por eso, tanto americanos como japoneses han sido llamados para que ayuden a buscar ese supuesto error. La última noticia sobre el tema ha sido que "Los neutrinos vuelven viajar más rápido que la luz", así reza el título de un artículo en la web de Cadena Serhttp://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/neutrinos-viajan-vez-rapido-luz/serpro/20111118csrcsrsoc_6/Tes ). Aprovecho de mencionar este artículo para hablaros sobre la razón que me ha llevado a escribir esta entrada. 
Resulta que en esa misma página web, hay una audición en la que son entrevistados un par de científicos y sabidos sobre el tema, y se muestran bastante escépticos con el resultado del experimento. Por ello, se saca el tema de los "viajes en el tiempo", pues sería una de las posibles consecuencias de que los neutrinos viajen más rápido que la luz (esto es un poco más difícil de explicar, así que puede que lo explique en otro momento/entrada). Y se lanza una pregunta al aire dando a ver su escepticismo: "si son ciertos los resultado, ¿por qué no ha venido gente del futuro?" Lo cierto es que me pareció una buena pregunta. Por eso me pareció buena idea compartirla con mi madre, y tras una larga charla, llegamos a una conclusión que expondré brevemente con una pregunta: ¿y quién ha dicho que no hayan venido? Me explico, piensen en los casos OVNI, casos paranormales que se relacionan con una posible presencia extraterrestre, que no son pocos. Quien habla de esos seres, aseguran que son de una inteligencia superior, que son similares a nosotros... ¿quién sabe si somos "nosotros venidos del futuro"? Y tengo dos razones para pensarlo. Una es que no se sabe de vida inteligente al menos en lo que alcanza ver las máquinas humanas, es decir, a ¿cien? años luz, pues la tecnología ya ha alcanzado límites insospechados. Lo que quiero dar a entender es que de alguna manera han tenido que viajar hasta nuestro mundo para observarnos desde las sombras, ¿quizá ya conocen los secretos de los neutrinos? Y otra observación más; si de verdad existen los seres extraterrestres, ¿por qué no nos han atacado ya? Pueden ser pacíficos, sí, pero ¿y si precisamente realmente nos están "protegiendo" porque nos consideran, de alguna manera, sus antecesores? Por desgracia, nos tenemos que conformar aún con suposiciones, aún no hay nada claro. Pero mientras tanto es imposible evitar fantasear con ideas como éstas, ¿no? 
Para terminar, os dejo una canción, que siempre me gusta acompañar estas cosas con una banda sonora. 
¡Saludos!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Veintidós de octubre del dos mil diez

-¿Por qué no te preocupas en observar qué es lo que tú necesitas? Yo ya lo sé, no hace falta que indagues en mi mente- dijo Mer, mientras veía a través del rabillo del ojo que aún él seguía con la mirada perdida-. ¿Sabes qué es lo que necesito de ti? Lo que haría que me me arrojara a tu abismo... Ver que en el fondo piensas en mí inconscientemente, notar que cuando te hablo aún provoco cierto nerviosismo en ti... Saber que cuando mi imagen aparece cuando cierras los ojos, sonríes. Pero desde este lado del abismo, sólo veo oscuridad, frialdad...
Adam cerró lo ojos. Pasaron mil imágenes ante él, pero Mer no aparecía en ninguna. La mayoría de ellas formaban parte de un pasado demasiado lejano, pero feliz. Feliz hasta cierto punto. Un rostro dulce pero con una mirada triste se presentó a pocos centímetros de él. Los labios de aquella chica pronunciaban algo que él no oyó, y sin embargo supo leer: "No estoy enamorada de ti, Adam. No tiene sentido que sigamos así." Sintió que algo recorría sus mejillas. Abrió los ojos repentinamente, como si acabara de despertar de un mal sueño, y por un momento pensó que aquel cosquilleo en el rostro eran lágrimas.
Había comenzado a llover, y Mer ya no estaba a su lado. Sin embargo, permaneció allí bajo la lluvia, la cual se hacía más intensa, en medio de una gran calle que no solía estar tan moribunda como aquella noche.

- ♥ -

lunes, 14 de noviembre de 2011

Walpurgis. Parte V

Efectivamente, antes de que las brujas lograran entrar, los chicos tuvieron tiempo suficiente para alejarse de la recepción. No sabían cómo salir, ni adónde ir, hasta que Lisa recordó las últimas palabras de Lorraine:
-Cuatrocientos veinte, ¡vamos!- todos entendieron, y la siguieron.
Abrieron la puerta sin necesidad de una llave, tal y como les dijo unas horas antes la recepcionista. El interior de la habitación se hallaba iluminado por diversas velas. Una gran cama, un armario y una mesita de noche completaban el cuarto. Descubrieron también, que fuera del ventanal, alguien había adornado sus esquinas con trenzas de ajo. Laura, llevada por el agotamiento del día, acudió hasta la cama, y tras testear la almohada, encontró que bajo ella había unas tijeras de metal abiertas.
De nuevo, unas sonoras risotadas recorrieron cada esquina del hostal, llegando hasta sus oídos. Como si la habitación quisiera aislarse de aquel sonido, la puerta se cerró lentamente con pestillo.
-Dicen que las tijeras abiertas mantienen nuestro hilo de vida sin romper- Lorraine había aparecido de la nada, sobresaltando a sus huéspedes-. Y que las velas nos mantienen alejados de los malos espíritus.
-Entonces... no deberías estar aquí- Diego habló sin pensar, sin tomar en cuenta que podría ofender a la chica.
-Yo soy la guardiana del hostal- contestó Lorraine, clavando sus ojos en los de Diego-. Estoy aquí para proteger a los huéspedes. Ellos son los espíritus que no deberían estar aquí.
Todos se volvieron hacia donde señalaba la recepcionista con sus huesudos dedos, hacia el ventanal. Las sombras volvían a acechar desde lejos, provocando algunos gritos entre los amigos. Ésto despertó el interés de las brujas, que se encontraban muy cerca de la habitación y ya reconocían las voces de sus próximas víctimas.
En la habitación, todo empezaba a pasar muy rápido. Alfred y su hija hablaban de manera apresurada, al parecer de algo importante. Cuando terminaron, Lorraine se dirigió a los jóvenes.
-Servatis a periculum, servatis a maleficum...-le miraron extrañados- No dejéis de repetirlo cuando entren las brujas. Usad lo que sea para mantenerlas a raya.
-El resto lo haré yo- concluyó Alfred.
Entonces Lorraine se convirtió en una luz cegadora, e intentó avanzar hacia las sombras, que habían logrado romper el vidrio. Las brujas intentaban echar abajo la puerta, con golpes acompañados de gritos. Laura fue la primera en reaccionar, cogiendo las tijeras que encontró bajo la almohada; los demás cogieron las velas.
-¿Cómo dijo que era? ¿Seratia perculo?
-Servatis a periculum, empecemos ya todos. Servatis a periculum, servatis a maleficum...-Alfred les ayudó, y todos se unieron.
De repente, la puerta que les separaba se partió por la mitad, dando paso a las mujeres con una expresión de triunfo en cada una de sus caras. En ese momento, aquello era una auténtica algarabía, como si dos grupos musicales cantaran a capella para ganar algo.
-Esto no funciona, están como si nada- comentó Rose-Marie, dirigiéndose a Lisa.
-Pues pasemos al plan "B"- replicó Lisa, cogiendo las tijeras de Lisa y cortando grandes trozos de las sábanas de la cama. Acto seguido, cogió una vela e incendió cada trozo de tela para luego tirárselas a las brujas, cortándoles el paso. Los demás le copiaron, y al rato, la habitación empezó a llenarse de humo, pero habían conseguido su objetivo: las brujas gritaban de dolor, el fuego consumían su ropa, unas se sacudían, y otras simplemente corrían. Ante la escena, decidieron que era el mejor momento para salir.
-Salgamos por la ventana, será mejor- propuso Alfred- A veces los vivos son más peligrosos que los propios muertos.
Esto último les recordó que aún había una lucha en el exterior. Ahora que las sombras no recibían el apoyo de las brujas, la luz parecía ganar terreno, haciéndose cada vez más grande. Uno por uno, Alfred y los chicos atravesaban la ventana, para parar en un tejado de una pequeña caseta adosada. Acto seguido, encontraron una escalera vertical por un lado de la fachada, por la que bajaron con algo de dificultad debido a su inestabilidad. Le tocaba a Mildred descender, cuando una de las sombras se desvió de la lucha ya perdida, para hacer un último intento de hacer daño a los huéspedes como venganza; todos vieron cómo la sombra la atravesaba, vieron cómo le provocó a Mildred una especie de convulsión que le hizo caer al suelo. Sus amigos corrieron a socorrerla.
-Tranquilos, estoy bien- les calmó Mildred.
Mientras, Alfred observaba cómo la luz de su vida, su maravillosa hija, se alejaba de nuevo. Ésta se adentraba de nuevo al hostal, volvía a su actual hogar. A pesar de que ya había desaparecido, él no quitaba los ojos de ahí, esperando que en cualquier momento se cumpliera la predicción que su hija le dio unos minutos antes:
-Papá, te oigo cada vez que me hablas por las noches... Ha sido hermoso ver que siempre que puedes me visitas, lees mi epitafio a pesar de que te lo sepas de memoria, y dejas esas flores del color que a mí tanto me gustan... Necesito oír que me perdonas por haber ignorado tu petición de no seguir los mismos pasos que mamá hizo al trabajar en este hostal que nos ha quitado la vida... Mi deseo por proteger este lugar ha terminado, quiero reunirme con mamá y estar en paz, pero no sin antes oír que me perdonas, ¿lo harás?-
Mientras las palabras de Lorraine resonaban en la mente de Alfred, se vio cómo de nuevo una luz cobraba protagonismo en el edificio, una luz que recorría cada una de las ventanas, desde la planta superior iba descendiendo hasta lo más bajo.
-Pequeña, tú no tienes la culpa de nada... Simplemente ocurrió. Siempre has estado perdonada- reprodujo Alfred en su cabeza a la vez que contemplaba aquel espectáculo de luces que, en un determinado momento, se extinguieron. Lo siguiente que sintieron todos fue un temblor bajo sus pies. Segundos más tarde, el edificio se desplomaba como si de montaña de naipes perfectamente colocado se tratara. Alfred y los demás se alejaron de lo que ya sólo iban a quedar añicos del hostal.
-Gracias, papá- se despidió Lorraine, con una última sonrisa que Alfred guardaría en sus mejores recuerdos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Walpurgis. Parte IV

Desde que vio cómo desaparecía su hija, Alfred no había parado de sollozar. Los demás también se hallaban inmersos en una profunda consternación. Mil pensamientos pasaban por sus cabezas, y entre otras cosas, se preguntaban si pasarían más sustos esa noche. Golpes. Como en respuesta a sus preguntas, unos fuertes golpes provenientes de la puerta de entrada les puso en alerta de nuevo. Por la magnitud de los golpes que recibía la puerta, supusieron que la querían echar abajo, pero al rato cesaron. Los más curiosos del grupo atravesaron el pasillo que les conducía a la entrada. Lisa y Diego buscaron algún resquicio, el cual encontraron sobre el marco superior.
-Diego, ayúdame a subir. 
Fue tal la sorpresa que se llevó Lisa al subir y mirar al exterior que se tambaleó sobre los hombros del chico, obligando a éste a agacharse para que la joven no cayera. 
-¿Qué has visto?-preguntó Diego, inquieto. 
-No estoy segura... Reunámonos con los demás.
Una vez juntos, Lisa contó lo poco que vio; "cinco mujeres vestidas de luto y con pelos de loca murmurando cosas al unísono, y en otro idioma", dijo textualmente.
-Son brujas- intervino Alfred, ya un poco más recuperado.
A pesar de que empezaban a acostumbrarse a las sorpresas, no podían evitar que surgiera cierto escepticismo. Alfred lo notó, por lo que intentó explicarse.
-Chicos, no estoy loco. Todos habéis visto a mi hija, ¿verdad? -los demás asintieron- Bien. Pues ella murió hace tres años...
Alfred dejó sin habla a sus acompañantes, pero también logró aumentar la curiosidad, así que prosiguió.
-Sucedió en este hostal, en el que aquel entonces trabajaba. Fue una noche como la de hoy, 31 de abril. Me llamaron diciendo que la habían encontrado muerta en el piso de arriba- señaló las escaleras que ya se habían ganado el sobrenombre de "las malditas"-. Cuando vine a verlo con mis propios ojos, me la encontré en el suelo rodeada de un círculo con una estrella de cinco puntas y alguna velas. Le habían clavado una daga en el corazón... -hizo una pausa para recuperar el aliento- Hubo quien dijo que era obra de las brujas, por ser su noche, la "Walpurgis Nacht", en la que invocan al Diablo.
Fuera del hostal, cinco mujeres miraban sin pestañear la puerta de entrada. Ésta se abrió de golpe como por arte de magia, y cada una de ellas, que traían un aspecto desaliñado y sin embargo poseían unos andares falsamente magistrales, entraron con una maliciosa sonrisa, una de ellas incluso con un tic nervioso que le deformaba media cara.
-Huelo a carne fresca- dijo la mujer del tic nervioso, con los ojos muy abiertos.
-Deben de andar cerca, pero se han escondido... Pobres animales...-comentó otra, la que iba más adelantada en el pasillo, provocando sonoras carcajadas. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

Walpurgis. Parte III

Cuanto más tiempo pasaban en aquel hostal, más crecía la idea de que lo mejor era irse de allí.
Un hombre de estatura media y algo rechoncho, les observaba con una mirada triste (que curiosamente les resultaba familiar), a la espera de que los muchachos le dieran respuestas. Decía llamarse Alfred y, aunque tenía un aspecto paternal debido a su avanzada edad, no se fiaban demasiado de él. Finalmente, al ver que él se decidió a presentarse, los aparentemente "intrusos", también lo hicieron. Cuando le contaron su improvisada noche, el pobre hombre parecía estar más confuso aún que al verles por primera vez.
-¿Y decís que os recibió una recepcionista?- preguntó casi retóricamente, como reflexionando sobre ello.
-Ajá, era una chica joven, de pelo rubio y corto, delgada...-Mildred enmudeció al ver que el rostro de Alfred palidecía levemente.
-Veréis, vivo a pocos metros de aquí, conozco bien este hostal... y es imposible que os recibiera nadie. Hace años que... en fin... digamos que este lugar, el hostal en concreto, cogió mala fama y lo cerraron- los chicos se quedaron perplejos ante la noticia.
-¿Qué insinúa? ¿que la chica que dice ser la recepcionista nos ha tomado el pelo?- todos miraron a Diego.
-Creo que no insinúa sólo eso...
-A ver, no saquemos conclusiones precipitadas; es posible que fuera una okupa en busca de compañía- Rose-Marie se tomaba la situación con cierta guasa.
-Me temo que no, muchachos...-intervino Alfred- tengo la estremecedora sensación de que se trata de algo más complicado. Lo mejor sería dejar el hostal. Si no tenéis dónde dormir, podéis quedaros en mi casa por esta noche.
Al grupo de amigos no les hacía gracia el misterio que contenían las palabras de Alfred. ¿Estaría bien de la cabeza? ¿podían fiarse de él? Tras una breve y disimulada charla, pensaron que incluso el coche parecía el lugar más seguro de todos.
-Salgamos de aquí- sentenció Lisa.
Todos iban decididos a hacerlo, cuando llegando a la puerta que permanecía abierta... ¡POM!
Se cerró de golpe. Alfred intentó abrirla, sin éxito. Incluso con la ayuda de los demás fue imposible, y se rindieron. Fue cuando entonces se percataron de que una figura menuda, al final del pasillo, llevaba un rato observándoles.
-No se abrirá- dijo una voz de entre las tinieblas-. Estaréis más seguros aquí dentro.
-¿¡Seguros de qué!?- gritó Diego, exasperado.
La recepcionista dejó que la luz dejara mostrar su rostro.
-¡¡Lorraine!!- exclamó Alfred.
-Papá...-parecía que del rostro de la chica desapareció la dureza que la caracterizaba- Papá...
Los jóvenes contemplaban la escena con incredulidad. Parecía que hacía años que padre e hija no se veían pero, ¿por qué? ¿acaso no sabía que "trabajaba" allí?
Alfred se acercó a su supuesta hija, y apenas rozó sus dedos sobre sus mejillas, sintió que su piel estaba helada, sin color, sin consistencia... sin vida.
La entrañable y escalofriante escena se vio interrumpida por la presencia de unas sombras, ya conocidas, que descendían las imponentes escaleras de la recepción. Lorraine era consciente de lo que iba a suceder, por lo que se apresuró a decir:
-Número cuatrocientos veinte...-su voz sonaba apagada mientras las sombras la arrastraban a su sitio de origen, escaleras arriba.
-¡Lorraine! ¿¡Adónde te llevan!?-intentó seguirla, pero antes de que pudiera agarrarla por el brazo, ya había desaparecido- Mi pequeña...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Walpurgis. Parte II

-Laura, estoy intentando llamar a mamá- comentó Diego a su hermana mientras atravesaban la sala común-, pero no hay cobertura, prueba tú con tu móvil.
Laura asintió, y ambos se pararon para buscar el teléfono, olvidando que sus compañeros se alejaban.
Lisa, Mildred y Rose-Marie seguían a la muchacha encargada del hostal. Llevaban recorrido un tramo de un estrecho y eterno pasillo, cuando la recepcionista paró en seco y se giró hacia las chicas.
-Vuestra habitación está al final de este pasillo, número cuatrocientos veinte. Disfrutad de la estancia.
-Perdona... ¡disculpa! No nos ha dado la llave...
-No os hará falta- replicó la mujer mientras les daba la espalda.
-Esa mujer da miedo...-susurró Mildred- ¿Dónde están Diego y Laura?
Repentinamente, las luces se apagaron, dejándolas totalmente a oscuras.
-Genial... ¿veis algo?
-No, no os mováis, voy a intentar daros la mano... Vale, ¿de quién es la mano que he cogido?
-Soy yo.
-Ok, Lisa, estás a mi derecha y Mildred a mi izquierda... Laura y Diego, si estáis aquí decid algo, por favor...
Silencio.
-Si esto es una broma, no tiene gracia...-insistieron.
Más silencio.
-¿Qué hacemos?- Lisa empezaba a impacientarse- No me gusta la oscuridad.
-Haremos lo siguiente -Rose-Marie parecía llevar mejor la situación-. Laura tú te guiarás con la pared de tu lado, y tú, Lisa, ve tocando la pared de tu derecha. Intentaremos volver a la recepción.

Diego y Laura no habían conseguido llamar a sus padres debido a la falta de cobertura, y se acababan de dar cuenta de que estaban solos. Ante la situación, no se atrevían a buscar la habitación sin saber el número, pues  habían varias salidas desde la sala común hacia pasillos, por lo que prefirieron esperar durante un rato. "Tarde o temprano tendrá que volver la recepcionista", se decían. Mientras tanto, examinaban cada detalle del salón. Diego analizaba los retratos colgados en la pared y Laura miraban a través de la ventana lo que parecía un sombrío cementerio, cuando las luces del interior se extinguieron. Sin embargo, no les invadió la completa oscuridad, la luna y parte de la luz de las farolas de la calle ayudaban a vislumbrar la sala.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Laura.
-Sólo es un corte de luz...
Acto seguido, un portazo proveniente de la entrada les sobresaltó, haciendo temblar todo el hostal. Segundos más tarde, unos pasos precipitados, esta vez desde otra parte de la habitación terminaron por desencadenar una reacción un tanto violenta en Diego y Laura, pero sobre todo de la última. Así que no fue extraño que Lisa recibiera algún manotazo y un escandaloso griterío al llegar a la sala, al que se unieron también Rose-Marie y Mildred. Pronto se percataron del magnífico reencuentro y los gritos se transformaron en sonrisas y abrazos.
En medio de tanta alegría, volvió a resonar un portazo. La luz volvió a iluminarles y una figura rechoncha y no muy alta apareció tras la puerta.
-¡EH! ¿quiénes sois? ¿cómo habéis entrado aquí?