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viernes, 13 de julio de 2018

- Vulcania - Capítulo VI - "Cuando el cielo oscurezca..."

La tarde se había consumido rápidamente cuando llegamos a nuestro destino, sin embargo, nos regaló unos últimos minutos en los que una gama de colores dorados iba apagándose.
En ese momento de tranquilidad, el sonido y el movimiento entre los arbustos distrajo nuestra atención. Nos habíamos habituado al constante murmullo de la naturaleza, pero esta vez nos distrajo la brusquedad de los movimientos, como si se tratara de un animal grande y torpe. Me atreví a tomar una piedra mediana del suelo, con suficiente peso para poder sostenerla con la mano y analicé mi alrededor. Mis ojos se posaron en un arbusto del camino del que veníamos, cogí impulso con el brazo y...
-¡Espera, espera!- exclamó una voz surgiendo del mismo arbusto justo a tiempo antes de que lanzara la piedra a modo de advertencia- ¡Soy yo! ¡Soy Fer!
- Fer, ¿qué haces escondido ahí? ¿Nos has seguido?- Kenya se mostraba algo molesta de encontrarse al muchacho, a pesar de conocerle.
-No exactamente, sólo quería saber que estabais bien. No entendía muy bien por qué, al contrario del resto que se quedó resguardado en el instituto, vosotras salíais de él- comentó Fer, aparentemente con bastante sinceridad.
Kenya aceptó a regañadientes que se quedara con nosotras. Yo lo agradecí. Lo cierto es que por momentos, la situación se tornaba turbia, y el simple hecho de estar lejos de la urbe me hacía sentir insegura.
Al caer por fin la noche, Fer se ofreció a hacer una discreta hoguera, no por frío sino por tener un pequeño foco de luz, pues a pesar de que la temperatura había caído casi en picado, el suelo seguía desprendiendo ondas de calor. Esta combinación era perfecta para caer rendido al sueño, pero lo cierto es que no tenía por costumbre dormir a la intemperie, ni junto a desconocidos, ni tras una serie de acontecimientos disparatados... El peso de los pensamientos en mi cabeza terminó por apagar mi energía, y un par de horas más tarde el cansancio terminó por apoderarse de mí. Y de mis dos compañeros.

-Sam, despierta...- una voz lejana y con eco resonaba en mi cabeza- Sam, ¡Sam! ¡Por favor, despierta!
La sensación de querer despertar pero de que el cuerpo aún estaba reaccionando a mis impulsos me agobió. Empecé a notar una vibración en el cuerpo, que alguien me estaba agitando. Por fin, abrí los ojos repentinamente, vi a Kenya en un primer plano, y mucha luz de fondo. El saber de dónde provenía tanta iluminación siendo aún de noche, me hizo reaccionar, lo cual me hizo levantarme literalmente de un salto. Sobre las faldas del monte Kutkut, por donde antes huía el rebaño de ovejas, ahora se deslizaba un espeso manto anaranjado de lava.


1 comentario:

  1. Me encanta este capitulo, los detalles me hacen meterme en la historia de cabeza! Muchas gracias por escribir, sigue siempre! Alt3

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