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jueves, 29 de diciembre de 2011

Felices Fiestas.

Entrada chorra. Sí, muy chorra.
Sólo hay una cosa que quiero decir, y es que en un año se pueden aprender millones de cosas. Si no se te ocurren por lo menos diez cosas que hayas aprendido o que hayan cambiado en tu vida en los 362 días, lamento decirte que lo más seguro es que no le hayas sacado partido a casi nada del último año.
Lo pienso verdaderamente así. En un año tienes suficiente tiempo para conocer a mínimo, una persona, para leerte mínimo dos libros, para aprenderte al menos, tres palabras de un idioma, para equivocarte y admitirlo por lo menos, cuatro veces... Y así podría seguir hasta, por lo menos, acabar el año 2012. 
Y oye, quieras o no, con esas pocas tonterías puedes aprender más de lo que crees. Y más de uno dirá, "Caramba, pero si eso es súper sencillo", pues lo será, sí, y ¿por qué conozco yo gente que no ha experimentado nada de eso en todo un año? La hay, gente que ha tenido la oportunidad de conocer a alguien, pero realmente no se molesta en ello, simplemente se queda en un "hola" y un "adiós", y no sabe lo que se pierde, porque esa persona puede enseñarte esas tres palabras de algún feo o bonito idioma, pero... ¡quién sabe! A lo mejor esas tres palabras te ayudan a salir de un aprieto en medio de un viaje a... no sé, al kiosko de al lado cuyo dependiente es chino. Y así, podéis derrochar toda la imaginación que os plazca, que una cosa por más insignificante que pueda ser, puede enlazar a otra, como he hecho yo. 
En fin, empiezo a irme por los cerros de Úbeda. Así que espero que hayáis captado el mensaje, que como quien dice la vida está para disfrutarla, no para entenderla. Pero aprendiendo también se disfruta, oye. 

Felices Fiestas.

domingo, 18 de diciembre de 2011

For the sake of the song

Silencio. Eso que tanto había ansiado, al fin lo halló... en una solitaria sala sin puertas. Aún estaba despertando de su inconsciencia, intentando darle una respuesta a un "¿qué? ¿por qué?". Decidió que aún necesitaba estar tranquila, quería evitar alterarse, por lo que optó por observar la situación.
Suavidad. Se encontraba sentada sobre un suelo blando y sedoso, y no era lo único. Se levantó, y comprobó que las paredes también estaban acolchadas. No había nada más. Sobriedad total. Un último detalle era el techo, por llamarlo de alguna manera, pues más bien era una masa de luz a compresión en un espacio relativamente reducido. Al terminar de apreciar este pequeño sol, bajó la mirada y se encontró con una nueva sorpresa; otro espejo. Para sus ojos, resultaba mucho más bello que el anterior que vio nada más entrar en la casa que le llevó hasta allí. Una casa que le llevó a pensar que, al hacer memoria, no destacaba sólo por sus exóticas flores, sino también porque era la única cuya puerta carecía de cerrojo.
Acarició con la yema de los dedos el marco del espejo, testeando su robusta madera, calibrando la minuciosidad de sus ornamentos en forma de bucles. Daba la sensación de que, a pesar de que la madera había sido sometida artificialmente, quería seguir conservando su naturaleza a través de la imitación de la forma de sinuosas ramas y hojas. Al finalizar su análisis, se topó con su propia imagen, llevándose un sobresalto al verse a sí misma desnuda.
-¿Qué te pasa, Lisa?- dijo su propio reflejo, cobrando su propio e independiente movimiento, doblando la cabeza hacia un lado- ¿No eres capaz de desnudarte para ti misma?
La verdadera Lisa se llevó sus manos hasta su cuerpo, asegurándose de que aún conservaba su ropa, y luego contestó:
-Tú no eres yo.
-No, no. Te equivocas, yo soy tú, pero el tú que nació contigo. Desde entonces... Has acumulado tantas capas de personalidades que no eran tuyas, que ya ni siquiera me reconoces.
El reflejo parecía sentirse satisfecho con sus palabras, como si llevara tiempo ensayándolas para aquel momento. Sin embargo, a Lisa le incomodaban aquellas palabras. ¿Insinuaba aquel estúpido reflejo que fingía ser algo que no es? El reflejo atacó de nuevo, intuyendo sus pensamientos.
-Siempre has necesitado que te aprecien, pero eres una chica difícil y distinta, y eso te hace especial. No todos ven la magia que desprendes, y en ese "todos" te incluyo a ti. Por eso necesitas vestirte con una nueva personalidad, ¿sigues sin saber de qué hablo?
Un millón de recuerdos, miles de personas, cientos de momentos se sucedieron ante ella de forma fantasmal, bailando para ella a su alrededor. La invitaban a adentrarse en aquellos fragmentos de películas, haciéndole rememorar sensaciones y sentimientos, tristes y alegres. Y una vez mostrados, se congelaban para convertirse en simples imágenes que se adherían entre sí, formando un gran collage estampado sobre las cuatro paredes que le rodeaban. Claro que sabía de qué le hablaba su propio reflejo, pero no lo quería ver. Su reflejo desnudo aún seguía parada frente a ella, expectante.
-Y aún así, siempre he fracasado- concluyó Lisa.
Tras esto, el espejo mostró por primera vez fielmente a una muchacha vestida tal cual era. 
-¿Oyes esos violines?- le preguntó al bello espejo. 
Un sonido embriagador envolvió la sala, haciendo que la joven cerrara los ojos y se dejara llevar, sin darse cuenta que la masa de luz se liberaba de manera que envolvía toda la habitación.
Segundos más tarde, Lisa yacía sobre una almohada de doradas hojas, intentando hacer eterna aquella canción. Cuando abrió los ojos, un muchacho estaba sentado frente a ella, observándola con curiosidad. 
-¡Stephan! ¿Qué haces?- exclamó Lisa, algo indignada por cómo la miraba su amigo.
-Chica, no te ofendas. Se te veía tan felizmente abstraída allá donde tus sueños te llevaban que... quería pedirte permiso para entrar en ellos- dijo con diversión el chico.
Lisa sonrió, no sabía si por el desparpajo de su acompañante o porque aquello parecía formar parte de una bonita vuelta a la realidad. Miró a su alrededor, y alegremente le cogió la mano a aquel chico.
-Tienes permiso para formar parte de mis sueños a hacer realidad. 


martes, 13 de diciembre de 2011

Barchinona.

¿Quién no conoce a Hércules a estas alturas? Aunque puede que solo conozcáis la parte "peliculera", pero hace poco oí una versión sobre uno de los episodios más bellos, y a la vez, dramáticos de su vida. Y puede que os llevéis una o incluso un par de sorpresas al final de esta historia.

Cuenta la leyenda que, en una de sus doce misiones para volver a convertirse en dios, Hércules se hallaba navegando por las aguas Mediterráneas hacia la isla de Córcega acompañado de nueve embarcaciones. La tempestad y el oleaje que se encontraron eran tal que, al llegar a tierra, se percataron de que faltaba una de las naves con sus hombres. Desesperado, Hércules fue en busca de la novena embarcación. Tras días de búsqueda, era tan grande la alegría que le inundó al encontrar a sus hombres con la embarcación en una de las costas mediterráneas, que quiso bautizar aquellas tierras con el nombre de "Barchinona" (traducido, la novena barca), lo que hoy llamamos como Barcelona. Aquella noche recibieron la hospitalidad del pueblo, representado por un señor llamado Bébrix. Pensaba que su felicidad no podía ser mayor, hasta que Hércules se topó con la mirada de la hija de Bébrix, llamada Pirene. Era hermosa como pocas, sus ojos destellaban como esmeraldas, y sus cabellos dorados ondeaban con cada paso que daba. 
Se amaron en una noche tibia, bajo las constelaciones de plata que en aquel entonces ni siquiera eran nombradas. Pero cuando el sol irrumpió, Hércules anunció que debía seguir con sus misiones que le guiarían al Olympo, dejando a su amada bajo las sábanas de un silencioso llanto. Hércules prometió que volvería tras cumplir sus misiones, por ella. 
Lo que quizás olvidó el joven, es que su querida Pirene no ira inmortal como él, y por lo tanto, la locura le nubló la mente cuando le anunciaron su muerte. Pidió como último deseo que condujeran hasta donde se hallaba Pirene enterrada. Durante los siguientes días, Hércules se prometió que la tumba de su amada no sería como otra cualquiera. Por eso, empezó a poner roca sobre roca, día tras día, hasta conseguir formar una cordillera de montañas, a las que llamó "Pirineos". 

A pesar de que hay varias versiones sobre esta leyenda, me pareció una bonita forma de explicar el origen de Barcelona y sus imponentes Pirineos. Espero que os haya gustado. ¡Ésta no será la última que os cuente! 

Os dejo una canción de acompañamiento de "In Flames".