A pesar de que el clima de aquella isla solía ser cálida, ese día parecía que hasta el suelo podía arder. Por ello, avanzar entre la sombra de las copas de los árboles era de agradecer, pues además, el sendero tendía a inclinarse cada vez más.
Mi compañera había comenzado su charla con una especie de introducción, en la cual mencionaba a su abuela, quien tenía un don místico, toda una sorpresa.
-Entonces tu abuela también era un poco bruja...- comenté con naturalidad para seguir impulsando la conversación.
-No la llegué a conocer mucho, así que no sé exactamente en qué consistían sus trances. Mi madre fue la que, tras ver que yo había heredado parte de su don, me contó algunas de sus habilidades. Se adelantó a varios hechos, detectaba la energía de las personas con tan sólo mirarlas, y hay quien comentaba que salvó a gran parte del pueblo de un incendio que tan sólo quedó en daños materiales...
-¿Qué tiene que ver ella en todo esto?- pregunté con impaciencia.
-No sé si casualidad o no, pero la acompañé en su lecho de muerte, a escondidas de mi madre, pues no quería que me enterara que estaba a punto de dejarnos. Tampoco sé si sería fruto de su confusión antes de dejar este mundo, o si se trataría de su última visión, pero el caso es que mi abuela me recitó una especie de profecía- Kenya se regaló una pausa en la que se le empañaron los ojos, lo cual me provocó un inmediato gesto de apoyo.
-Tranquila, tómate tu tiempo- la calmé, tomando con delicadeza su mano.
-Jamás olvidaré esa frase, aún resuena en mi cabeza con su voz ya marchita y quebrada- otra pausa para suspirar, en la que elevó la cabeza, en busca de un trocito de cielo entre los árboles-. "Cuando el cielo oscurezca, y el suelo enfurezca, espacio y tiempo, sendas alas negras blandirán...".
-¿Y qué significa eso?- pregunté cada vez más ansiosa, rascándome el cabello como si me ayudara a sacar ideas de mi cabeza.
-A día de hoy, sigo sin resolverlo- Kenya ya respondía casi de manera automática, como si toda esta conversación ya la hubiera tenido antes-. Estamos llegando.
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lunes, 25 de junio de 2018
viernes, 22 de junio de 2018
- Vulcania - Capítulo IV - "Doctor Wilde" -
"El universo es toda una red de engranajes conectados. Esas conexiones son cruciales para la estabilidad y armonía del universo. Es como un jersey bordado a mano por tu abuela, cada conexión entre hilos ha seguido unas pautas establecidas por su tejedora. En cuanto un hilo se sale de su sitio, por algún infortunio o factor externo, como engancharse a algún objeto afilado, los demás hilos tirarán de él, tendiendo a volver a su sitio. Pero muchas veces, el tejido ya queda dañado. Y esos tejidos dañados, llevados al universo, se tratarían de estrellas muertas que, fruto de su explosión, desestabilizan el campo espacio-temporal del área que alcanza, formando agujeros negros, los cuales funcionan a modo de imán, pero sin polos negativos ni positivos, no hay discriminación, todo se lo traga".
-Papá, entonces... la abuelita Dorothy debe saber mucho de agujeros negros...
-Ja, ja. La abuelita sabe mucho de cómo crear tejidos que te hagan pasar inviernos menos fríos.
-Pero... Papá, ¿nuestro mundo podría estar conectado a otros mundos? ¿Podríamos visitar otro mundo conectado a través de una puerta astal?
-Ja, ja, ja- el doctor Wilde estalló en carcajadas por la imaginación de su pequeña-. Astral cariño- le corrigió dándole un toquecito afectuoso en la nariz-. Y... todo lo que imagines puede ser posible, pequeña. Simplemente aún no tenemos pruebas de ello.
-¡Yo encontraré la prueba definitiva!- sentenció la niña.
-No dudo en que lo harás, Sammy.
El sonido de las aves a su alrededor hizo que la realidad volviera a llamar a la puerta de sus pensamientos. A pesar de que su relación actual con su padre no era tan cercana como cuando tenía 7 años, lo cierto es que debía reconocer que los recuerdos de su infancia no podían ser más felices...
-Papá, entonces... la abuelita Dorothy debe saber mucho de agujeros negros...
-Ja, ja. La abuelita sabe mucho de cómo crear tejidos que te hagan pasar inviernos menos fríos.
-Pero... Papá, ¿nuestro mundo podría estar conectado a otros mundos? ¿Podríamos visitar otro mundo conectado a través de una puerta astal?
-Ja, ja, ja- el doctor Wilde estalló en carcajadas por la imaginación de su pequeña-. Astral cariño- le corrigió dándole un toquecito afectuoso en la nariz-. Y... todo lo que imagines puede ser posible, pequeña. Simplemente aún no tenemos pruebas de ello.
-¡Yo encontraré la prueba definitiva!- sentenció la niña.
-No dudo en que lo harás, Sammy.
El sonido de las aves a su alrededor hizo que la realidad volviera a llamar a la puerta de sus pensamientos. A pesar de que su relación actual con su padre no era tan cercana como cuando tenía 7 años, lo cierto es que debía reconocer que los recuerdos de su infancia no podían ser más felices...
- Vulcania - Capítulo III - "Fenómenos naturales"
El cielo despejado acompañado de un sol en su punto más alto, hicieron la salida del instituto aún más cegador. Esa fue la primera impresión a la vista, y casi al mismo tiempo, un fuerte sonido continuo y grave, que parecía ir al ritmo de los temblores, azotaba sus tímpanos como si de un glissando musical se tratara.
-¡Eh!, ¿adónde vais?- nos gritó una voz familiar. Kenya y yo nos dimos la vuelta, y vimos a Fer, nuestro compañero de clase, que posiblemente no asistió a la última hora- No estáis seguras aquí fuera...
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
-Fer, lo sentimos, debemos irnos de aquí- contestó Kenya sin dejar de avanzar.
En uno de mis giros hacia donde se ubicaba Fer, vi cómo se quedaba parado mirándonos con indecisión. La última vez que miré, ya había desaparecido.
Ahora Kenya nos adentraba hacia la espesura del bosque. Yo miraba a mi alrededor, analizando cada árbol, cada sombra, cada movimiento de los, posiblemente, pequeños animales que aún salían de sus escondites para... ¿Qué? Por fin, reaccioné ante el cese de los temblores, por lo que seguidamente grité el nombre de Kenya.
-¿¡A dónde diablos vamos!? Llevamos no sé cuánto tiempo corriendo hacia ningún lugar en concreto... Ya ha parado el terremoto, estamos a salvo- dije con dificultad al hablar, debido a cierta asfixia provocada por la carrera.
-Aún no ha terminado... Esto sólo es el principio- contestó Kenya, aparentemente cansada de tener que ganarse mi confianza-. He visto esto ya, tal y como te he comentado antes.
-¿De qué hablas? ¿Qué es lo que aún no ha terminado?- entorné los ojos a modo de desconfianza, en busca de explicaciones- Estoy cansada, quiero volver con mi padre, él entiende de estos fenómenos naturales.
-No creo que tu padre sepa de esto, no es un fenómeno natural cualquiera... es provocado- A Kenya se le empezó a ensombrecer el rostro. Ahora sí que estaba asustada. Realmente tuve el deseo y el impulso de correr en dirección contraria, pero recordé que mis observaciones del entorno podrían no haber sido suficientes para volver por el camino correcto de vuelta al instituto.
-Está bien, compañera, tendrás que explicarme de qué va la cosa, y qué sabes... no pienso dar ni un paso más- decidí que negociar con la "loca de las visiones" era lo más inteligente. Sin embargo, no pondría en duda su vaticinio para evitar un choque de ideas.
-Crees que las visiones... mis visiones, son una simple alucinación, o algo sin sentido, es eso, ¿verdad, Sam?- recordé entonces que el negocio no era lo mío. Además, a Kenya se le borró la oscuridad de su mirada, y ahora desprendía tristeza y miedo en su pálido rostro.
-Debes admitir que no nos conocemos tanto, tan sólo somos compañeras de clase, no sé apenas nada de ti excepto que eres una estudiante excelente. Ponte en mi lugar, si estuvieras en medio de un apocalipsis zombie, ¿no desearías ir en busca de tus más allegados?
-De acuerdo, "compañera"- contestó Kenya con retintín y poniendo los ojos en blanco-. Debemos llegar a una ladera que se encuentra en aquella dirección, ¿ves esa luminosidad? Allí veremos un claro desde el que podremos controlar la situación. Una vez lleguemos allí, te contaré algunos detalles de mi visión y lo poco que sé de este fenómeno, ¿contenta?
-No del todo- comenté, haciéndome de rogar-. Empieza a explicarme ahora, de camino hasta la ladera, cuanto antes empieces, antes terminarás, ¿no crees?- añadí con una sonrisa socarrona, a lo que la colombiana se me quedó mirando durante unos segundos.
-Está bien, pero no te vayas si no te gusta lo que oyes.
Esta vez fui yo la que le sostuvo la mirada, analizando su rostro, buscando algún tipo de sentimiento positivo o negativo, pero lo cierto es que sólo encontré vacío. Fuera lo que fuera, parecía importante por la firmeza con la que hablaba. Por otro lado, la última frase me terminó por desestabilizar en mis ideas de que se trataba un simple fenómeno natural.
-Te sigo, "compañera"...- concluí con un gesto de adelanto con el brazo, para que reanudara el paso.
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