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miércoles, 30 de mayo de 2018

- Vulcania - Capítulo II - "La visión".

Por más que zarandeaba a Kenya, no reaccionaba. Recordé, entonces, la botella de agua que solía traer al instituto y que descansaba sobre mi pupitre. Aunque parecía una tontería, decidí que no perdía nada por intentarlo. Desenrosqué el tapón de la botella, y corrí hacia Kenya, para empaparle la cara. En ese momento ya notaba cómo varios rostros se giraban hacia nosotras con una mezcla de risas confusas y desconcierto general.
Por fin, Kenya volvió en sí, parecía que mi solución hizo parte de efecto.
- ¡Señorita Wilde! ¿Qué ocurre con la señorita Molina?- vociferó la profesora Hubble- ¡Vuelvan todos a sus asientos!
En ese momento, entre la confusión, una vibración comenzó a recorrernos desde los pies hasta el último cabello de nuestros cuerpos. Todos nos mirábamos interrogantes, pero la profesora Hubble fue la primera en reaccionar: abrió la puerta que daba al pasillo en busca del apoyo de otros profesores. Mientras tanto, invadida por la curiosidad, abrí por completo la persiana de una de las ventanas. Pude ver que un rebaño de ovejas corría despavorida por la falda del monte Kutkut, en la misma dirección que una bandada de mirlas ventriblancas con gran alboroto, aparentemente hacia el mar del sur.
La vibración cada vez era más intensa, hasta que fue evidente que se trataban de temblores característicos de un seísmo. El miedo comenzó a palparse cuando los libros de las estanterías empezaron a bailar, y las tizas de la pizarra hacían carreras hacia diferentes direcciones. En ese momento, Kenya, que aún no se había movido de su pupitre, cogió mi brazo fuertemente cuando me disponía a salir de aquella aula:
- Sam, acabo de ver esto...
- ¿Qué? No entiendo, Kenya, ¿qué quieres decir?- para mí no era momento para distraerme con las paranoias de la chica del trance, pero debía admitir que me alegraba que por fin dejara de balbucear.
- Acabo de tener una visión, apenas recuerdo nada, y de manera difusa, pero al notar el temblor, me han venido escenas a la mente... No podemos quedarnos aquí, el edificio se va a derrumbar- Kenya hablaba de manera acelerada, como si se tratara de un deber que debía cumplir a contrarreloj.
- Está bien, buscaré a la profesora Hubble, y se lo diré- le comenté, intentando ser coherente.
- No, Samantha, no hay tiempo. No es tan sólo un temblor cualquiera... Debemos salir ya- Kenya volvió a agarrarme el brazo fuertemente y me arrastraba con decisión fuera del aula.

martes, 29 de mayo de 2018

- Vulcania - Capitulo I - "El trance".

La profesora Hubble había decidido reproducir una película subtitulada en inglés con el fin de mejorar y familiarizarnos con el idioma. Después de varios meses, se había dado cuenta de que, de vez en cuando, nos podía dar algún tipo de respiro.
¿Para qué mentir? Incluso de esta manera resultaba dificultoso prestar mi entera atención hacia sus lecciones. En el fondo, quería pensar que ella lo entendería dado que soy nativa de Estados Unidos, por lo que sus clases eran algo así como volver a lo que llamamos "Kindergarten" para aprender a restar y sumar... Por otro lado, yo entendía que mi presencia podría suponer un trabajo extra al tener que pensar en actividades que supusieran un reto para mí, pues la señora debía estar contando en los escasos meses que le quedaban para jubilarse. Por tanto, creo que debimos llegar a un acuerdo mutua sin necesidad de palabras para que me dedicara a otras actividades durante sus horas de enseñanza.
Y no, no incomodaba a nadie, por si pensabais que soy la típica alumna que distrae a otros compañeros. De hecho, después de dos meses en aquella isla colombiana, seguía con mi rutina solitaria: iba al instituto sola, realizaba actividades sola, merendaba y pasaba el "break" sola... Según mi padre, porque tengo un carácter serio. Y aunque no se lo admita directamente, en parte, es cierto. Y desde que él decidió dar prioridad a su carrera laboral, quizá más. Tampoco sentía la necesidad de encontrar aliados para hacer mi estancia más agradable en mi nueva vida colombiana, era capaz de divertirme y entretenerme por mí sola.
Mis pensamientos me volvieron a situar en el ambiente escolar tras este repaso mental de mi vida, y aunque la elección de la señora Hubble en cuanto al filme fue de lo más acertada, la aparente inquietud de una compañera, volvió a desviar mi atención. Kenya, que era como se llamaba, movía de manera acelerada los ojos, y dada la claridad de su color, podía percibir la continua dilatación de sus pupilas. Aproveché la oscuridad de la sala para aproximarme al pupitre de Kenya a gatas.
- Kenya, ¿estás bien? ¿me puedes contestar?- susurré, haciendo gestos con la mano delante de lo que suponía que miraba. Mi preocupación se incrementó cuando su rostro pasó de ser inexpresivo a ser de alarma.
- Pe-pe.. Pe-li-gro...- consiguió verbalizar Kenya tras paralizar su mirada, y abriendo mucho los párpados.
Ahora mi compañera parecía pasar por un profundo trance del que no podía escapar.

Dark Island