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martes, 5 de junio de 2012

Aura


Del suelo se desprendía una flama que hacía pesado el aire y dificultoso para respirar, a pesar de que tampoco tenía necesidad de alimentar sus pulmones de oxígeno. A través de estos detalles sensoriales, imaginó que se hallaba en un árido desierto. Pero tal fue su sorpresa al dibujarse ante sus ojos un paisaje un blanco marfil deslumbrante que descansaba sobre una gran llanura salpicada de enormes rocas, que sintió el golpe de un imaginario invierno que inspiraba toda aquella blancura.
Se elevó de aquel suelo inestable, otra sorpresa más. Miró al horizonte, y se dió cuenta de que el lugar era como un trozo de naturaleza en forma de isla, gravitando en el oscuro espacio bañado en plateadas estrellas.
En la lejanía, divisó un denso remolino rodeado de arena blanca que delataba la fuerza con la que avanzaba el fenómeno. Y avanzaba hacia ella.
"Eso va a picar...", murmuró Lisa, mientras contemplaba, paralizada, cómo se aproximaba el gran remolino. Buscaba a su alrededor con expresión de socorro alguna roca que le sirviera de refugio, pero se le escapaba el tiempo. Su pelo ya se agitaba con tal violencia que era imposible apartárselo de la cara. Finalmente, decidió taparse instintivamente el rostro con los brazos.
Calma.
-Curiosa forma de saludar la tuya...- expresó una evidente voz molesta.
Lisa bajó los brazos para encontrarse ante sí su propio reflejo, pero con la ausencia de cristal de un espejo cualquiera. A pesar del extraño recibimiento, el reflejo se mostraba curioso con el que encuentro. Lisa pronunció en palabras lo que hasta ahora no se atrevió apenas a pensar:
-Genial, tenemos una doble en el majestuoso Cielo...
-Directa al grano, ¿eh?- contestó su reflejo al tiempo que esbozaba una sonrisa- Está bien, haré yo lo mismo. Soy lo que los mortales llamáis "alma".
Lisa casi se arrepintió de haber empezado un tema tan complicado. Aún así, prosiguió con sus dudas:
-Pero si tú eres mi alma, ¿qué soy yo?- mirándose a sí misma.
-Tú... eres una de esas excepciones...
-Explícate.
-Eres ese aura que permanece unido a un cuerpo material, eres lo que otorga personalidad a un ser, lo que le hace diferente... Eres todo eso que debe morir con lo material.
-Bueno, ¿y entonces qué pinto yo aquí?
-Realmente no tengo respuesta exacta a esa pregunta. Yo sólo soy algo así como una actriz en busca de una identidad, de la cual guardaré todos sus recuerdos... Sin embargo, puedo decirte algo que te puede ayudar; las auras como tú que han llegado hasta aquí soléis tener una razón común: no os sentís preparadas para abandonar el mundo material...
Lisa miró a su alrededor, extrañada, sin entender. "Alma" se lo aclaró rápidamente:
-Diecisiete años, un papel perfumado, y una promesa escrita a pluma... ¿te suena?