Estadísticas

domingo, 12 de febrero de 2012

Un doce de febrero de despedidas.

"Hola, me llamo Ingermar, soy natural de Suecia desde hace 78 años, pero llevo gran parte de mi vida viviendo en Málaga. Adoro este lugar. Creo que he aprovechado mi vida mientras pude; he viajado mucho, he conocido a gente estupenda que me ha hecho pasar momentos agradables, igual de estupenda que mi mujer, a pesar de que nuestra vejez y nuestros diferentes gustos nos mantengan separados físicamente la mayor parte del tiempo.
Tengo la sensación de que he envejecido mil años corporalmente en tan sólo un par de años reales. Cada día, siento cómo la sangre pierde su ritmo, pierde su recorrido; pierde su verdadera función de mantenerme con vida. Llevo varios días en el hospital, los mismos días que llevo sin comer; no tengo apetito.
Últimamente es como si tuviera frente a mí un espejo. Cada vez que abro los ojos, sólo me veo a mí. Tengo mala cara, me sangra la nariz, y la boca también. Estoy totalmente pálido, y estoy solo. Luego me doy cuenta de que no es un espejo, porque desaparezco tras una luz. Y ahora sí que estoy solo de verdad. Miro a mi alrededor... De entre las personas que más quiero, la más cerca que se encuentra de mí, se halla a setecientos kilómetros de distancia. ¿Para qué voy a esperar más? Sus vidas siguen, pero la mía acaba aquí. En la lejanía les digo adiós. Me pesan los ojos, y la vista se me nubla. ¿Merece la pena abrirlos una vez más? Sueño, sueño... Y en ese sueño me sumerjo. Cuán maravilloso nuevo despertar. El cuerpo se hace ligero, tan ligero que simplemente flota, vuela. Intento respirar, pero no hay necesidad, no hay oxígeno, sólo hay pureza en el ambiente... Es un buen sitio para descansar... Descansar en paz."