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viernes, 28 de octubre de 2011

Walpurgis. Parte I

Se encontraban a 160 km de su casa, y Lisa no estaba de acuerdo en hacer la vuelta casi al anochecer. Le producía pánico sólo de pensarlo, pero aún se incrementó más al oír una inesperada noticia.
-El GPS no funciona.-dijo Laura temerosa, con el cachivache en la mano.
-¿¡QUÉ!?- exclamaron sus cuatro acompañantes ante la sorpresa.
-¡Que no cunda el pánico! El trayecto de ida ha sido sencillo. Será fácil volver.
Media hora más tarde, una oscuridad total se les echó encima, y la tensión en el coche era evidente, pero nadie decía nada. Laura conducía sin apenas mirar las señales; Diego era el copiloto, pero iba distraído; Rose-Marie, Mildred y Lisa iban observando la carretera. Por eso no tardaron en formar un alboroto al darse cuenta de que habían entrado en un desvío que los enviaba justo al sentido contrario.
-¡Laura, para el coche!
-Dios santo, ¿pero cómo te has metido aquí?
-Eh, eh... ¡eh! ¡Cállense! Lo siento, Laura, pero creo que llevaré yo el coche- concluyó Lisa, cuyo pánico no la estaba ayudando a razonar de manera clara. Sin embargo, Laura accedió.
Mientras, Rose-Marie había localizado con la mirada una posible salvación.
-¡Mirad! Deberíamos ir a ese hostal. Se ve gente alrededor. Quizá puedan ayudarnos.
Todos asintieron de buena gana, y se pusieron en marcha.
La puerta del hostal, gruesa y de origen antiguo, daba a la imaginación un adelanto de cómo sería el interior del edificio. Parecía el tradicional hostal que no había sido reformado en mucho tiempo. Tras la puerta, se les presentaba un largo pasillo acompañado de una larga alfombra que daba elegancia al lugar. Las paredes carecían de adornos, sin embargo, los muchachos agradecieron dicha sobriedad, pues sin apenas luz, cualquier sombra o figura les hubiera sobresaltado. Al fin llegaron a una sala, en la que aguardaba la recepcionista. La chica era menuda, su pelo era rubio platino y muy corto. Su mirada oscura parecía amenazar con una fuerte personalidad, pero sus labios dibujaban una ligera sonrisa de bienvenida, aunque quizá el ambiente incluso le daba un toque siniestro.
Cuatro de los chicos recorrieron la sala con la mirada perdida, pero con un objetivo aparentemente claro. Se dirigían hacia unas escaleras.
-¡Rose! ¿Adónde vais? -Lisa al fin entraba en la sala en ese momento. Su voz la despertó de su ensimismamiento, provocando efecto dominó en los demás que iban por delante de Rose-Marie.
-Hay gente ahí arriba. -respondió Mildred con el cejo fruncido, como si ni siquiera ella entendiera la razón.
A Lisa terminó por invadirle la curiosidad, y subió los primeros peldaños de una gran escalera de caracol... Un escalofrío le recorrió al elevar la vista; por encima del segundo piso, una decena de sombras se acomodaban al reposa manos.
-¿Queríais algo?- todos se volvieron hacia la recepcionista, cuya voz había sonado de manera ruda- No os aconsejo que os acerquéis a ellos.
-Claro... eh...- Rose-Marie intentaba recordar qué hacían en aquel hostal, a la vez que intentaba dominar su curiosidad por saber qué pasaba con aquellos huéspedes- Nos hemos perdido... ¿podrías decirnos cómo llegar a la carretera más directa para Barcelona?
-Puedo...-la recepcionista parecía ausente, mientras que los chicos la miraban expectantes ante la respuesta-   Pero deberíais quedaros esta noche en el hostal, es muy tarde. De día será más sencillo indicaros la ruta.
Tras formar un corrillo y discutir qué hacer, terminaron aceptando la propuesta, por lo que fueron en busca de sus mochilas al coche.
-Perfecto, acompañadme.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Velut Luna.

Dicen que la gente que menos habla, son las que más tienen que decir. Bueno, no sé si lo dicen, pero yo lo he comprobado, y no sólo en mí misma. Con esta frase a modo de razón, quiero daros la bienvenida a mi casa psicológica, a la que os invito a pasar. Aunque soy consciente de que la mitad no pasarán del umbral.
Hace bastante tiempo, creé a un personaje quien, como mínimo, sé que llamaba la atención. Sé que incluso hubo quien le cogió cariño a pesar de no existir. Y es que Loo solía ser sinónimo confesiones, reflexiones, planteamientos, lamentos... Quizá más cosas, pero para mí sólo significaba una cosa: desahogo. Con el tiempo pensé que, incluso él (el mundo en general), no se merecía leer lo que en aquel entonces casi todo eran lamentos.
Así que, ya que creo que he dado un cambio considerable, doy por comenzada una nueva etapa con este blog, llamado Velut Luna precisamente por el poema "O Fortuna", escrito en latín, el cual reza "O Fortuna, velut luna statu variabilis, semper crecis aut decrescis", (Oh Fortuna, como la luna cambiante, siempre creciendo, siempre menguando) con el que me siento identificada, dados mis continuos cambios en general; madura e inmadura, sabia a veces, necia otras tantas, e infinidad de adjetivos.
Os dejo el vídeo, puede que os resulte familiar.